Me estaba empezando a asustar. Hace meses que no encuentro un disco no-electrónico que me satisfaga. La creciente obsesión por primar las texturas sónicas frente a las composiciones se extiende como un tecno-virus por mi cerebro… Entonces me encuentro con “Lust Lust Lust” de The Raveonettes.
Melodias guitarreras (muy muy) sencillas cubiertas de distorsión y baterías con eco son acompañadas de una dulce voz femenina. Las (inevitables) influencias de The Velvet Underground se ponen al servicio del género “americana” parareproducir texturas sónicas dignas de aparecer en una peli de David Lynch.
Su adictiva simplicidad convierte al disco en un producto del tipo “lo escucho sin parar hasta tenerlo machacado y después me olvido”. No se si me va a durar tres dias o varios meses, pero seguro que lo disfrutaré a tope.
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Los habituales de este blog conocerán mi predilección por aquellas obras que sacan a relucir ciertos comportamientos bastante extendidos entre “la gente” pero raramente admitidos por nadie. La envidia, el lameculismo (arribismo), el virachaquetismo, moverse únicamente por interes propio… Pues “Blotch” es una de esas obras, y muy buena además.
Ambientada en el Paris de finales de los 30, con el fantasma del nazismo acechante, esta novela gráfica nos cuenta las tribulaciones del humorista gráfico que da nombre al título. Bloch es la “estrella” de “Fluide Glacial“, folletín donde se publican sus bochornosas viñetas todas las semanas. Según su visión de las cosas, si no ha tenido éxito en el mundo del arte es porque, en semejante entorno de mediocridad, un genio como él no tiene cabida.
Esa gloriosa imagen que tiene de si mismo contrasta con actividades tan poco nobles como colarse rastreramente en todo tinglado de “gente bien”, bajar la cabeza a los jefes como una oveja, ocultar su ideario en entornos adversos, evadirse de follones producidos por él mismo, calumniar sobre sus enemigos, mentir sobre su identidad para atraer a las damas…
La figura de Blotch es un concentrado de mezquindad humana en todas sus formas y colores. Si leyendo el álbum no se sienten identificados en mayor o menor grado con alguna actividad de este heroe de la infamia, tengan por seguro que se están autoengañando. No es casualidad que el autor de esta obra la hubiera firmado con el pseudónimo Blutch, una excelente forma de decirnos que no ha creado al indeseable personaje desde una posición de autoridad moral, sinó a partir del reflejo de su propios demonios personales.
5. Mark Wahlberg en “El Planeta de los Simios”
Este actor ha demostrado cierto carisma en alguna que otra película, pero ese no es el caso de la que nos ocupa. Además, su sosez se ve agravada por las odiosas comparaciones con Charlton Heston.
4. Katie Holmes en “Batman Begins”
No es que lo hiciera mal la chica, pero la meto aquí por todos los problemas extra-interpretativos que generó: Convirtió la premiere del film en una exhibición patética de su recién estrenado novio Tom Cruise, eclipsando la promoción en sí. Además, por culpa de su nueva vida con el cienciólogo, hubo que recurrir al molesto cambio de actriz para la interpretación del mismo personaje en “The Dark Knight“.
3. Tom Cruise en “La Guerra de los Mundos”
No es que sea un gran fan de Spielberg, pero debo admitir que ciertas películas suyas están de puta madre, sobre todo a nivel técnico. “La Guerra de los Mundos” es una de ellas, con una puesta en escena y fotografía impecables, y uno efectos visuales insuperables, perfectamente integrados en el ambiente a todos los niveles. En semejante exhibición de belleza plástica ¡¡¿Por qué me obligan a ver el careto de Tom Cruise en el 90% de los planos?!!
2. Hayden Christensen en “Star Wars” eps. II y III
Con la de “juventú” interesada en interpretar a Anakin Skywalker ¿Por qué George Lucas eligió a este soseras? ¿Sería para dar sensación de unidad con las actuaciones de Mark Hamill y Carrie Fisher en la trilogía clásica? En principio creí que las nulas dotes de Lucas en cuanto a dirección de actores fueron la causa de esta nefasta interpretación, pero viendo películas posteriores del chico me doy cuenta que lo suyo no tiene remedio.
1. Nicole Kidman en todos sus papeles del último lustro.
Bótox, Bótox!!! Mantenerse sin arrugas tiene un precio: la total inexpresividad. ¿Donde está la Kidman de “Eyes Wide Shut“?¿Nos engañan y ponen a otra actriz con una careta? Todavía no entiendo por qué le siguen dando papeles con lo mal que lo hace y la candidad de fracasos de taquilla (verdaderos hunde-estudios) que lleva encadenados.
Bonus Track>> El mayor acierto de casting: Arnold Schwarzenegger en “Terminator”
O como utilizar las limitaciones interpretativas de un actor en favor de su personaje. James Cameron, eres un genio.
Los posts de A.D.L.O. suelen ser geniales, pero el publicado por J. Calduch anteayer sobre la pila de lecturas pendientes me llegó al alma. Nada de coñas, todo lo que cuenta es verdad. Ese artículo aborda con lucided inusitada conceptos tan de nuestro tiempo como la postmodernidad, el consumismo, la adicción… y lo surreal.
Creo que muchos lectores de comics nos sentimos identificados con lo que cuenta Calduch, pero hay algo que yo sufro y el no comentó. Un concepto si cabe más terrorífico que una pila de comics pendientes que crece y crece, y eso es ¡una pila de comics a medio leer que crece y crece!. A modo de exhibicionismo (hey, esto es un blog!) y autosometimiento a escarnio público, les enseño la mía:
De un tiempo a esta parte, un selecto grupo de cineastas asiáticos se han erigido como cronistas del Neo-Apocalipsis. En sus películas no verán guerras nucleares, ni distopias totalitarias, ni plagas bacteriológicas, sino gigantescas ciudades, cubiertas de enormes bloques de apartamentos, letreros luminosos, bombardeo publicitario, obras faraónicas… y sus habitantes. El individuo consumido por su entorno, fruto éste del voraz hiperdesarrollo capitalista.
De entre esos realizadores, Tsai Ming-Liang es el que más me gusta. El modo que tiene de expresar el sentimiento de soledad es impresionante. Nada de virguerías narrativas, a el le basta con mostrar a sus personajes haciendo lo que suele hacer la gente, pero que rara vez sale reflejado en una película: caminan, comen, conducen, salen a fumar un cigarrillo, se tiran a aguantar resacas, se asean, se masturban… actos cotidianos presididos por la ausencia de palabras y una descorazonadora soledad muy tangible porque, en mayor o menor medida, nos vemos reflejados en dichas escenas.
Su último trabajo, “I don’t want to sleep alone” supone una ruptura importante respecto a sus anteriores obras. La superdesarrollada Taipei es sustituida como escenario por la empobrecida Kuala Lumpur. Hsiao-Kang, el protagonista de (casi) todos los largometrajes del realizador, emprende una huida desesperada de un modo de vida que ya no puede sostener más.
Sin querer revelar ninguna sorpresa, les aviso de que dicha translación no es en absoluto como se imaginan. Tsai se sirve de nuestra educación narrativa para, llegado un punto convertir la película que hemos visto en algo completamente diferente. El juego al que somete el director al espectador no es ni mucho menos gratuito, sino consustancial a lo que quiere explicar.
He leído críticas que catalogaron la peli como “cine comatoso”, nada más lejos de la realidad. Más bien, lo alucinante es que al terminar el film no puedes creer que se haya contado tanto en esos largos y silenciosos planos en los que, aparentemente, no sucedía nada. Nada menos que un apasionante y poético triang… cuadrilátero amoroso. Hay que verla.