“Como porque soy infeliz, y soy infeliz porque como”
Gordo Cabrón en Austin Powers 2
(o 3, no recuerdo bien)
“Como porque soy infeliz, y soy infeliz porque como”
Gordo Cabrón en Austin Powers 2
(o 3, no recuerdo bien)

Cuando en 2009 Karin Dreijer Andersson, la mitad femenina de The Knife sacó Fever Ray, su primer disco en solitario, se dijo que lo hizo mientras esperaba por su hermano Olof, que pasaba una temporada en la selva amazónica grabando sonidos para el nuevo trabajo del dúo: una ópera sobre El Origen de las Especies de Darwin.
Pues resulta que ya la han terminado, se titula Tomorrow, in a Year y se está representando por Europa. Como no, han aprovechado para sacar el CD, pero teniendo el detalle de ofrecerla en streaming para que la escuchemos al completo on-line si queremos. Aquí la tienen:
Por mi parte, aún la estoy digiriendo. Me choca un poco no escuchar las voces hiperprocesadas a las que nos tienen acostumbrados, y también echo en falta su aliento popero, pero como decía, se trata de una ópera. En lo tocante a “ruiditos”, tan buenos como de costumbre.
Hoy se celebra la tercera edición del Día del Culo Comiquero promovida por el mind-deformer Jotacé.
En esta ocasión dedicaré el post a defender a otro genio cular incomprendido. Se trata del poco prolífico pero muy criticado Larry Stroman. Se dice que exagera un poco las posaderas de sus chicas. Aquí una muestra:
Pues yo digo: No es exageración. Solo una atenta mirada al mundo que nos rodea:
Feliz BCD!!!
Más asignaturas pendientes de 2009, esta vez en el terreno tebeístico:

Paquidermo de Frederik Peeters
Peeters es uno de los dibujantes/narradores más dotados de los últimos tiempos. Basta echar un vistazo a sus planchas para darse cuenta de su habilidad para componer y planificar. Si ese talento se pone además al servicio de una historia como la de Paquidermo, ambientada en una Suiza post Segunda Guerra Mundial y plagada de fugas oníricas, el resultado no puede ser menos que impresionante a nivel visual. Más dudas tengo con la susodicha historia, que peca de demasiado explicativa para el universo surrealista que pretende desarrollar. Con todo, un tebeo que confirma que cuaquier cosa publicada por este señor supone satisfacción garantizada.
Pinocchio de Winshluss
Cuando vi por primera vez el magníficamente editado Pinocchio, con su chriswareana portada, lo prejuzgué automáticamente como una inocua delicatessen gráfica. Nada más lejos de la realidad, porque la obra de Winshluss no desmerecería nada entre las páginas de El Víbora en su época más destroyer. Se trata de una deconstrucción underground del famoso cuento de Collodi que me trajo recuerdos de lo que hiciera Max con Peter Pank.
Como iba diciendo, el tebeo es una maravilla gráfica en la que el autor modifica constantemente su estilo, y aprovecha la extensión de la obra para referenciar y/o homenajear a un buen montón de grandes cartoonists, desde Walt Disney a Art Spiegelman, así como para desviarse de la trama principal y confeccionar pequeñas y amargas historias protagonizadas por personajes secundarios. Mención aparte su magnífica narrativa gráfica que prescinde de textos y diálogos en el 70% de las páginas.
A la hora de escribir el ya clásico post sobre mis películas favoritas del recién finalizado año, se me olvidó completamente una, que si bien no incluiría en el Top 10, si entre lo más destacado de 2009. Se trata de “The Box”, la última de Richard Kelly, el director maldito por excelencia de los 2000. Para compensar el olvido y aprovechando que ya está disponible en “formato doméstico”, nada mejor que dedicarle unas merecidas líneas.

Hay que admitir que “The Box” no es ni mucho menos una película redonda, pero su imperfección es de las que a mi me gustan: de aquellas en las que los defectos se ven eclipsados por las virtudes. Creo que la mejor manera de resumir el film es diciendo que Kelly se ha montado él solito un “Lost” de dos horas de duración. Tomando como base el relato corto “Button, Button” de Richard Matheson, el realizador construye una aventura metafísica donde sus protagonistas tienen que enfrentarse a las consecuencias de sus actos y elecciones en una realidad ajena que se les va abriendo ante sus ojos de maneras cada vez más extrañas e inquietantes.
Si en la ya mítica serie de televisión estos temas se afrontan desde un perspectiva cristiana (fundamentalmente en ciclos de acto-culpa-redención), Kelly opta por el enfoque existencialista. Tras pulsar el botón de la misteriosa caja que da título a la película, la pareja protagonista siente el peso de su acto con la paranoica sensación de estar siendo continuamente observados (y juzgados) por “los otros”, aquellos que Sartre decía son el Infierno. A medida que avanza el relato, éste se vuelve más y más incomprensible, alzándose como una metáfora de la vida: no sabemos quienes somos ni de donde venimos, pero lo que está claro es que todos contribuimos a que el mundo sea como es.
El carácter surreal de la historia se ve adecuadamente reforzado a través de un diseño de producción sobrio-setentero y una fotografía geométrica y borrosa que recuerda la textura lumínica de las viejas Polaroid. En el apartado de los defectos, el mayor “pero” del film sería su falta de tono en la narración, quizás provocado por los recortes de metraje que Kelly se vio obligado a realizar para facilitar su comercialización. Con todo, y reafirmando la condición de maldito de su director, la película fue un fracaso, pero creanme si les digo que poco a poco adquirirá el estatus de culto que ya tienen “Donnie Darko” y “Southland Tales”.
Tráiler:
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