Blancanieves en “Fábulas”, de Bill Willingham y Lan Medina
Visto en Sed Non Satiato
Ya hace mucho que un tráiler no me produce una necesidad urgente de ver la película que promociona. Lo ha conseguido el muy enfermo Harmony Korine con la preview de su nuevo (y fascinante) engendro cinematográfico, “Trash Humpers”. Vean:
Tercera vez que hago trampa con el Top 30. En las reglas de esta mi trayectoria biosubcultural en formato lista indiqué que cada puesto estaría ocupado por una sola obra. Cuando barajé las opciones para la entrega 21, que sería una peli, me di cuenta que muchas de las candidatas fueron estrenadas en el 99. Pues ya está, rompo la norma y las meto juntitas bajo el epígrafe que ven arriba.
Lo cierto es que 1999 fue un excelente año para la cultura pop. Sería que se acercaba el cambio de milenio, y tanto creadores como industria forzaron un poco sus límites para ofrecer productos acorde con los apasionantes nuevos tiempos que llegaban. Por supuesto, al final la revolución se quedó en nada, y de hecho los primeros dosmiles fueron bastante mediocres… Bueno no me enrollo y vamos al grano:
Matrix
Muchos reniegan ahora de esta peli, pero lo cierto es que en su día TODOS la vimos y TODOS flipamos. Que nadie se lleve a engaños, la obra maestra de los Wachowski fue realmente revolucionaria en muchísimos aspectos: Trasladó con éxito los mejores recursos del anime a la imagen real, marcó un antes y un después en el uso de los ordenadores para el desarrollo de efectos visuales, introdujo elementos hard sci-fi en un contexto de cine comercial y aún así fue un exitazo, combinó a Platón y Descartes con hostias y robots sin que el conjunto chirriara lo más mínimo, reivindicó sus influencias geek elevándolas al mainstream (¿eso fue bueno o malo?)… y no sigo porque no acabo.
eXistenZ
La de Cronenberg tuvo la mala suerte de ser comparada con “Matrix” por compartir ambas el tema de las realidades virtuales, aunque realmente muy poco tuvieran que ver la una con la otra. Para mí, como fan del director canadiense, la película supuso dos hitos: poder ver por primera vez una película suya en pantalla grande, y la vuelta (en plena forma) a sus orígenes más fantastic tras la batería de (excelentísimas) adaptaciones de material ajeno que lo mantuvieron ocupado los tres lustros anteriores. Una revisión del imaginario y obsesiones de sus inicios como director con el valor añadido de la experiencia acumulada. Pena que desde aquellas no se volviera a atrever con otro guión basado en una historia de creación propia. Aún no doy la cosa por perdida.
El Club de la Lucha
Cuando salí del cine tras verla, pensé dos cosas. 1: “El Club de la Lucha” se convertirá en “La Naranja Mecánica” de nuestra generación. 2: Muy bien lo va a tener que hacer David Fincher en el futuro para que esta no sea la película por la que será recordado por los siglos de los siglos. Creo que acerté en ambos casos, y que nadie me diga “pues a mí me gustó más Zodiac” porque no me lo trago. El catálogo Ikea transformado en recurso narrativo, un antisistema que no renuncia a vestir cool (bueno, eso ya pasaba en Invisibles), gaytosterona a raudales, la Fox produciendo un film de presupuesto millonario lleno de “ideas peligrosas”: No lo duden, la etiqueta “post-todo” nació con esta película. Aunque últimamente lo tengo abandonado por repetitivo, desde aquellas Palahniuk se convirtió en un fijo de mis consumos literarios.
Eyes Wide Shut
Cómo ser John Malkovich
Ésta se estrenó en España en 2000, pero a finales del 99 en los States, así que la meto también en el pack. ¿Que quieren que les diga sobre ella? Supuso la entrada con honores de Spike Jonze y Charlie Kaufman en el 9º Arte, y demostró que los realizadores de videoclips podían pasarse al largo con una amplitud de miras más allá de Michael Bay y otros popes del montaje frenético y el movimiento de cámara desquiciado. Tirando del hilo, descubrí a otras grandes figuras del videoclip, como Chris Cunnigham, Michel Gondry, Mark Romanek… Por cierto, sobre el subterráneo debate Jonze/Gondry, mi veredicto es que Gondry gana en formato corto y Jonze en largo. Además este último fue capaz de mantener el tipo sin Kaufman al guión.

Anteriormente en Top30:
Intro (qué es Top30)
Ulises 31
Los 4 Fantásticos
Secret Wars
Transformers
Batman y los Outsiders
Batmanía
Dragon Ball
Darkseed
Parque Jurásico
John Byrne’s Next Men
Trilogía Nikopol
La fOntana y la sOnda
12 Monos
Pulp Fiction
Wipeout
Brut Comix
La Casta de los Metabarones
Ænima
Carretera Perdida
The Invisibles
“Twilight”, esa emo-franquicia que cada poco nos ofrece películas fecales con bandas sonoras excelentes, saca a mis admirados Battles de un silencio creativo que dura ya casi tres años. “The Line” viene incluída en la versión deluxe de la BSO de “Eclipse”. Muy buenas vibraciones dejan para el nuevo álbum que supuestamente sacarán este año.
Battles – "The Line":
Japón, años 20. Un gramófono reproduce una grabación de “Zigeunerweisen” de Sarasate (adjunta al fondo del post). Se escucha un murmullo ininteligible, y uno de los oyentes le pregunta al otro si podría repetir lo que acaba de decirle. El otro hombre responde que no ha sido él, sino que aquello salió del altavoz. Le explica que son palabras pronunciadas por el propio Sarase mientras tocaba el violín en la sesión de grabación del disco, pero están tan difuminadas entre el resto del sonido que no es posible entenderlas.
Así empieza “Zigeunerweisen”, la película de Seijun Suzuki. Con una anécdota cotidiana de tremendas connotaciones fantasmales. Una escena que define a la perfección lo que vamos a presenciar en las más de dos horas de metraje restantes. Se trata de una historia que cubre varios años de encuentros y desencuentros de dos colegas traductores de alemán en el Japón de entreguerras. Uno tradicional, arraigado al hogar y la familia, el otro un vividor nato capaz de desaparecer por meses de su casa y dejar desequilibrada a toda mujer con la que vive una aventura y luego abandona. Una relación de amistad cada vez más turbia debido al deseo que siente cada uno de los hombres por la esposa del otro.
Así contada, la película tiene pinta de melodrama de toda la vida, pero desde el prisma de Suzuki, la cosa coge forma de alucinado cuento de fantasmas. Una de las extravagancias estilísticas del director es mandar el raccord a tomar por saco: dentro de una misma secuencia, el cambio de plano lleva implícitas desconcertantes sorpresas como cambios súbitos de escenario o iluminación, incoherencias de continuidad en el desplazamiento de los personajes o modificaciones instantáneas de la posición relativa entre los mismos. En otras producciones más pop de Suzuki, estas cosas provocan efectos desquiciantemente cómicos. En este caso, sin embargo acrecientan la sensación de que todo es producto de una macabra ensoñación protagonizada por almas en pena, aludiendo muchas veces a aquello que Freud llamó “lo siniestro”: doppelgangers, seres vivos que parecen objetos inanimados, objetos (como el gramófono) que parecen cobrar vida propia…
Cambiando de tercio, otro elemento que hace único al film es su alto grado de perversidad fetichista. Nunca he visto una película en la que se enseñe tan poca carne y sin embargo resulte tan “guarra”: lametones de globo ocular (al estilo Maruo), obsesión por los huesos (“Hacemos un trato, el que muera primero debe donar sus huesos al otro”), preferencia por la carne “en decadencia” (“Cuando un fruto está a punto de pudrirse, sabe tan dulce como la miel”)… más leña al fuego de lo bizarro.
En resumen, un film hipnótico y terrorífico que sin embargo no puede adscribirse al género de terror. Estrenado en 1980, es la primera parte de una trilogía continuada en 1981 y 1991. Voy de cabeza a por lo que queda.
Banda sonora del post: Pablo de Sarasate – “Zigeunerweisen”