Ya van 5 años sin novedades de David Lynch en el terreno del largometraje. Parece que el hombre anda más interesado en otros proyectos como su (horrible) aventura en la música electrónica y el lanzamiento de su marca de café Signature Cup Coffee.
Quién iba a decir que precisamente esa campaña de marketing nos iba a traer de vuela al mejor Lynch, con un spot/corto que no solo condensa lo mejor de su filmografía, sino que sigue desarrollando las opciones estilísticas abiertas en “Inland Empire”. Este diálogo entre el propio Lynch y la cabeza de una Barbie lo tiene todo: surrealismo, nostalgia, romanticismo extremo, violencia y glamour brumoso. Todo con la máxima economía de medios:
Y a continuación otra pieza publicitaria, no tan lograda pero dotada de un sentido del humor netamente lynchano:
Tratar el tema de la guerra en el cine es un asunto harto complicado. Las implicaciones sociales, económicas, morales e ideológicas asociadas a un conflicto armado son tan complejas y están tan sujetas a la subjetividad que es imposible no caer en la simplificación o en la ingenuidad cuando intentamos sacar conclusiones acerca de ello. En muchas películas, ese inevitable efecto reduccionista es tan acusado, que las deja hundidas en el terreno de la mediocridad. Ese no es el caso de “Caterpillar”, lo último del grandísimo realizador japonés Kôji Wakamatsu.
Basándose en el relato corto “La Oruga” del genial Edogawa Rampo, Wakamatsu alcanza altísimas cotas de complejidad y ambigüedad minimizando contexto, personajes y argumento: En un pequeño poblado japonés, durante la II Guerra Mundial, a una mujer le es devuelto su marido tras perder éste todas sus extremidades en el campo de batalla, así como la capacidad de oír y hablar. Tan simple como terrible.
Con ese punto de partida, con gran parte de la acción discurriendo dentro de la casa del matrimonio protagonista y cargando los dos (estupendos) intérpretes principales con casi todo el peso dramático del film, resulta increíble ver como se despliega ante nosotros un inmenso fresco de lo que supuso para Japón participar en esa terrible guerra. Esta todo allí: el culto al (falso) héroe, la alienación provocada por el “sentimiento nacional”, el infierno psicológico al que quedan sometidos los retornados y sus familiares…
Con todo, el alcance del film no acaba ahí. Aprovechando la coyuntura de la amputación, Wakamatsu se adentra en terrenos neocárnicos dignos del Cronenberg más radical. No se corta a la hora de mostrar los momentos más íntimos de la pareja en todo lo relativo al cuerpo mutilado del soldado. A través de los horrores de la carne, consigue expresar el estado mental de los protagonistas, y por extensión de todo un país con asombrosa y espeluznante claridad.
Parece que Suehiro Maruo ha adaptado a manga el mismo relato. Conociéndolo, es de esperar un resultado menos sutil pero mucho más desquiciado e instalado en la narrativa de la pesadilla que el de la peli que nos ocupa. No puedo esperar a tenerlo en mis manos.
“El DK2 la verdad es que lo leí y me pareció una mierda impresionante. Y un día, cuando iba por la octava lectura o así… joder, pues para ser una mierda es el tebeo de Miller que más veces me he leído. Y ahora que ya voy por la quinceava o así, la verdad es que me quito el sombrero ante ese tebeo […]”
No paran de salir críticas y reseñas de “Insidious” destacando su calidad y efectividad a pesar de que realmente no ofrece nada nuevo. Estoy en total desacuerdo.
Porque, en efecto, la nueva peli de James Wan va cargada de referencias temáticas y estilísticas mil veces vistas en otros filmes, pero lo que la hace única es la propiedad de aglutinar semejante cantidad de conceptos en un contexto coherente: casas encantadas, viaje astral, dimensiones ocultas, niños endemoniados, expresionismo alemán, estética neogótica, humor parapsicológico (a lo Cazafantasmas, para entendernos), recursos shyamalanianos… En ese sentido el referente más cercano a la cinta sería “Lost”, capaz de mezclar sin complejos a Stephen King con estética egipcia o la filosofía cristiana con experimentos de física cuántica. Ambos productos, hijos predilectos de la posmodernidad.
Y ya que sale el tema “catálogo de actividades paranormales”, no puedo dejar de recomendar la escucha de “Paranormale Aktivitat”, la ultimísima referencia del sello Rephlex. Ópera prima de Zwischenwelt, nuevo proyecto liderado por el mítico Gerald Donald, revisa en clave electropop futurista una serie de conceptos ligados a la parapsicología. Con unos temas de título tan sugerente como “Apparition”, “Multiple Existence” o “Cryptic Dimension” el disco oscila entre lo siniestro y lo paródico, pero siempre con un trasfondo obsesivo que te deja ciertas frases y melodías pegadas en el cerebro sin que te puedas deshacer de ellas. Enigmáticamente adictivo.
Nueva sección de imágenes al canto. Este blog cada vez se parece más a un Tumblr, pero es la única manera que tengo para alcanzar un grado aceptable de actualizaciones.
El caso es que tengo coleccionados un buen montón de retratos, ya sean fotográficos o dibujados, y de esta manera les doy salida. Empezamos con uno recién incorporado a mis archivos (desde aquí), el de Alan Moore dibujado por Frank Quitely. Por cierto ¿Algún día harán algo juntos?
Por la belleza de las imágenes, creo que sería capaz de ver cualquier film de Claire Denis con el “mute” puesto sin aburrirme. Eso no quita que la banda de sonido contribuya de sobremanera a convertir la filmografía de la realizadora francesa en un sumun de excelencia audiovisual.
Una buena parte de la culpa de ese buen hacer sonoro la tiene la banda británica Tindersticks, inseparables “compañeros de viaje” de la Denis desde que ella les contratara para musicalizar “Nénette et Boni” allá por el 95. Mucho he buscado de algunas de estas bandas sonoras por torrents, mulas y soulseeks con resultados infructuosos, porque, como descubrí posteriormente, nunca había sido publicadas…hasta ahora.
En un glorioso box set de 5 discos, el sello Constellation saca a la luz un material que merecía existir como obra aislada del contexto audiovisual para el que fue creado. Me imagino que para los Tindersticks ha tenido que ser muy duro ver su discografía diezmada durante tanto tiempo, porque estas seis bandas sonoras realmente aportan una nueva dimensión a su trayectoria artística.
Escuchándolas todas, así de corrido, cabe destacar la increíble capacidad de adaptación de Stuart Staples y compañía a las necesidades de cada film, apoyando al resto de los elementos de la narración. Tenemos desde melodías pastorales a minimalismo post-rock, pasando por jazz brumoso y ritmos africanos. Mucho deberían aprender de ellos otros profesionales de la banda sonora que no hace otra cosa que repetirse… y no miro a nadie, Danny Elfman y Hans Zimmer.
En fin una alegría más para los oídos de este 2011 que está dando agradables sorpresas en lo musical.
Si no he posteado sobre “El Héroe” hasta ahora es porque tenía esperanza de conseguir en Internet algunos jpgs de planchas o viñetas que hiciesen auténtica justicia de este tebeazo, y así ilustrar adecuadamente la reseña. Me gustaría colgar alguna de las 15 páginas que conforman la secuencia de lucha entre Heracles y la Hidra, o la parte en la que nuestro héroe pone la canción “Heroes” de Bowie en su iPod antes del último asalto a los monstros marinos, o alguna que muestre la particular versión de David Rubín para el reino de las Amazonas… Por desgracia no dispongo de ese material digitalizado, ni estoy dispuesto a sacrificar en el escáner el precioso volumen editado por Astiberri que tengo en mi poder, así que se tendrán que conformar de momento con la magnífica portada de arriba y la advertencia de que si no piensan hacerse con el libro se estarán perdiendo una de las mejores obras del tebeo español de la última década.
Libre de prejuicios “genéricos” y de limitaciones en cuanto a extensión, Rubín alumbra la obra que parecía estaba destinado a crear desde que empezó a dibujar cómics. Una visión absolutamente personal del mito de Heracles de impresionante inventiva visual, pero que no termina en lo visual. La sutileza con la que el autor gallego toca terrenos aparentemente (recalco lo de “aparentemente”) vedados para una historia como ésta, lo elevan a un Olimpo tebeístico ocupado previamente por Frank Miller, Alan Moore (si va acompañado por dibujantes de altura), el tándem Morrison/Quitely y muy poquitos más.
Solo queda esperar ahora por la conclusión de la historia (apura con el tomo 2, David!!!) y que “El Héroe” tenga la repercusión que se merece a nivel internacional, porque en su tierra, en contra del refrán, ha sido profeta.
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