David

My Son, My Son, What Have Ye Done

2009 ha supuesto para Werner Herzog el regreso con honores al cine no-documental. Tras más de dos décadas de cuasi-sequía en cuanto a largos de ficción, el año pasado ha entregado dos obras magníficas, ambas rodadas en EEUU con el mismo equipo técnico. De la primera, el pseudo-remake de “Teniente Corrupto”, ya comenté algo aquí, pero hace poco he podido ver (como no, por “vías alternativas”) su siguiente trabajo, la no menos impactante  “My Son, My Son, What Have Ye Done” a la que dedico estas líneas.

My Son, My Son, What Have Ye Done

Tomando como base un terrible hecho real, Herzog nos propone un delirante viaje al fondo de la mente. La crónica de la deriva psicológica de Brad McCullum es narrada a través de flashbacks que ilustran los testimonios de los amigos del protagonista, mientras éste es asediado por la policía en su propia casa, donde se refugia con dos supuestos rehenes. Una casa situada en una de esas mega-urbanizaciones americanas levantadas en el medio de la nada. Localización magistralmente aprovechada por el director alemán para reforzar el sentimiento de alienación que no nos abandona en todo el metraje.

My Son, My Son, What Have Ye Done

Otra recurso realmente bien utilizado en el film es la alusión a esos breves estados de “fuga de la realidad” que todos sufrimos alguna vez: la sensación de tiempo congelado, de extrañeza hacia lo cotidiano, o de ensimismamiento hacia algo de gran belleza que se nos presenta ante los ojos…ese tipo de estado mental es en el que se encuentra atrapado el protagonista. Interpretando a Brad, Michael Shannon demuestra su tremenda habilidad a la hora de ponerse en la piel de personajes desequilibrados, una faceta que sigue explotando en la serie “Boardwalk Empire”, donde debería aparecer mucho más.

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Toda una prueba fílmica de que Herzog no ha perdido el toque a la hora de sacar a relucir ciertos aspectos de la naturaleza humana que nos empeñamos en negar. Pese a vivir en la supuesta “era de la razón”,  no podemos escapar al absurdo de una realidad que nos sobrepasa.

Realidad Alternativa

Miguel Ángel Martín

“Propongo como pequeño juego, fijarse solamente en lo que la gente hace sin escuchar lo que dice. Requiere un pequeño esfuerzo pero enseguida aparece un “mundo” totalmente distinto al que creíamos. El mismo mundo de mis comix , ha ha!”

Miguel Ángel Martín entrevistado en Tengo boca y no puedo gritar

Superman: Earth One

Superman vuelve a estar de moda. La tebeosfera hierve con “Superman: Earth One”, la última reformulación del personaje/mito, esta vez perpetrada por J. M. Straczynski y Shane Davis. Un comienzo desde cero, libre de continuidad, pensado para las nuevas generaciones de lectores y editado desde el primer momento en formato “novela gráfica”. Se está vendiendo de maravilla en los States, Y yo pienso ¿Por qué han tardado tanto en hacer algo así?

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Seamos realistas, el formato “grapa” hace casi una década que dejó de tener sentido: Los autores estructuran las historias pensando en el recopilatorio, no en el tebeo de 22 páginas como unidad narrativa,y  la decompressive storytelling llegó a límites tales que ese número de páginas no dan para nada en muchos casos. Por otro lado, un “eventual” que quiera leer algo de Superman u otro superhéroe popular lo tiene jodido. La “continuidad”, sobre todo en los títulos de DC, está llegando a ser tan pesada que solo los fans más hardcore pueden entenderla. Yo, personalmente, dejé de comprender el Universo DC hace bastantes años. Y la verdad, Superman o Batman son personajes demasiado populares como para desperdiciarlos solo en fans recalcitrantes. Este formato, unido al  borrón y cuenta nueva le dan una oportunidad frente al manga, donde el lector tiene claro lo que ha de comprar para empezar: El tomo 1 de la serie que le interese.

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Dejando temas de marketing a un lado, vamos con el contenido. Si hay que definir con un adjetivo este revamp del Hombre de Acero, ese sería “crepusculiano”. El Clark Kent de Earth One es un emo en toda regla: joven, atormentado, y con ganas de liberar su frustración… pero conteniéndose. Strackynski convierte a Clark Kent en un freak que lo pasó mal en el colegio por raro, y que no se tomó nada bien el descubrir que venía de otro planeta. La tradicional lectura de Superman como un extranjero acogido en la Tierra como uno de los nuestros, se  transfigura aquí en una concepción outsider del personaje, incapaz de encajar como un ciudadano más… lo que les decía: puro emo.

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Este Superman se enfada con facilidad (por menos de nada enciende su visión calorífica) y lo de convertirse en superhéroe es más idea de sus padres que suya propia: no utilizar sus habilidades para el bien de la humanidad supone para él un acto de rebeldía. Incluso su origen ha sido modificado, de forma que Krypton deja de ser el pacífico planeta de antiguas versiones, para convertirse en una civilización que tiene problemas con sus vecinos y cuya destrucción vino producida por causas poco naturales. Precisamente son las cuentas pendientes asociadas su legado las que ponen en peligro a la humanidad y obligan al chaval a ponerse el traje.

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Como se imaginarán, este tebeo no es para mi, me llega con 15 años de retraso. Aún así, dadas las circunstancias, JMS hace un trabajo más que digno en los guiones, llevando el “rollo emo” a su terreno, con unos cuantos apuntes interesantes acerca del deber y la responsabilidad. No soy consumidor habitual de este tipo de productos, pero sí he visto algo de la Saga Crepúsculo y creo que comparándola con el tebeo que nos ocupa, éste sale ganando con diferencia.

En resumen: Un producto interesantísimo a nivel comercial, pero cuyo target se aleja bastante de mi perfil. Con que alguno de los compradores de este “Earth One” se agencie una copia del “All-Star Superman” de Morrison y Quitely, me doy por satisfecho.

Covermania (XIII): Rejected

Boceto de Brian Bolland de su etapa como portadista en la cabecera de  Wonder Woman allá por los noventa. La ilustración fue rechazada por la editorial:

Wonder Woman - Joker

Suprema maestría en el uso de los lápices aparte, me encanta el sentido del humor entre pervertido y cruel que Bolland imprime en muchos de sus trabajos. Especialmente inspirado estuvo en sus portadas para WW, sometiendo a la pobre Diana a todo tipo de perrerías:

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Brian Bolland - Wonder Woman v2 #67 Brian Bolland - Wonder Woman v2 #71

Citas Pop (XXIII): Atrapado(s)

Arroz Pasado - Ipod-ancla

“Xavi, cuando termina el trabajo vuelve a casa en metro y como muchos gilipollas lleva 30 gigas de memoria colgados al cuello con toda su música favorita. Hasta llegar a casa solo le da tiempo a escuchar 5 canciones, pero su MP3 lleva 2463 temas diferentes. Casi toda la música que lleva no pasa de 1995, eso si, lleva el primer CD de los Strokes que le hizo algo de gracia y es del año 2000.

Con esto quiero decir que, como casi todos, Xavi se centra en los años que para él fueron sus años dorados. Su MP3 es es su ancla, y cada giga pesa una tonelada.”

Arroz Pasado”, de Juanjo Sáez

Cunningham returns!

Tras cuatro largos años en los que solo dio signos de vida en el ámbito de la publicidad, vuelve el Chris Cunningham genial que todos esperábamos. Asociado con el MoMA, nos entrega esta tremenda pieza de pura sincronía audiovisual en la que él mismo se encarga de remezclar “New York is Killing Me”, de Gil Scott-Heron. Una lección de como dejar pequeña a la futura  Los Ángeles de “Blade Runner” con la New York del presente. Aquí se lo dejo, pero les recomiendo que lo vean a full screen y con las luces apagadas.

40 Días en el Desierto B

La situación editorial de Moebius en España es difícil de comprender. Siendo uno de esos pocos casos de autor de cómic cuyo nombre suena al público general, tiene gran cantidad de material inédito por estos lares.

Éste es el caso de “40 days dans le désert B”, publicado hace 10 años en Francia. Un librito apaisado  con ilustraciones a página completa aparentemente en secuencia, contando una historia. Una exquisitez gráfica que nos enseña al mejor Moebius, y que pueden disfrutar al completo con imágenes de alta resolución en Caprichos de Cómic. Abajo, unas muestras (click para ampliar):

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El Americano

Mientras veía “El Americano”, me vino a la cabeza otra película ya reseñada aquí hace unos meses con la que comparte no pocas cualidades: “Los Límites del Control” de Jim Jarmusch.

Ambas son crípticas respecto a sus protagonistas (asesinos los dos), parcas en diálogos, su producción tuvo lugar en  países “ajenos” a sus directores y  precisamente la fuerza estética de las localizaciones (y la forma de captarlas, claro) constituye su mejor baza. En este su 2º largo, Anton Corbijn saca de nuevo sus experiencia como fotógrafo para entregar un  film bellísimo desde el primer al último fotograma, demostrando una vez más que unas buenas localizaciones (en una zona rural del sur de de Italia en este caso) lucen mejor que tropecientos millones gastados en sets gigantescos, atrezzo y retoque digital. 

The American 1

Siguiendo la comparación con “Los Límites del Control”, es a través del personaje protagonista como podemos concebir al film de Corbijn como el reverso oscuro del de Jarmusch. En este caso, el asesino profesional interpretado por George Clooney no constituye ninguna pieza metafórica positiva en un discurso abstracto sobre el antagonismo imaginación/represión, como hacía el de Isaach De Bankolé. El de Clooney  es un asesino más apegado a la realidad: implacable y cruel, que intenta huir de su pasado, pero no en el sentido redentor (en principio), sino en el de la pura supervivencia. Así, el personaje se convierte en el eje del film y su visión la que se  transmite al espectador: soledad, desarraigo y (fundada) paranoia.

En este contexto argumental, habría que destacar el trabajo de Clooney. No solo carga con el peso del film apareciendo en el 90% del metraje, sino que gran parte de esas escenas las resuelve en solitario, aportando además un componente de fisicidad que define enormemente al personaje.

Como nota negativa, pondría la tendencia al cliché a la hora de representar Italia y los italianos: vespas por las calles empedradas, canción ligera sonando en los bares y mujeres bellísimas por todas partes… aunque esto último, desde mi punto de vista, es totalmente perdonable.

En resumen, otro film-sorpresa, del que no me esperaba nada más que un vehículo para el lucimiento de su protagonista, y resulto en un producto filo-outsider, más cercano a la tendencia minimalista que tanto me gusta que a lo que podríamos denominar como “cine de actor”.