David

BodyWorld

Body World - Superorganism

Quizá la más importante aportación/redescubrimiento de Chris Ware respecto al lenguaje del cómic fuese el aprovechamiento de “lo esquemático” para suministrar de golpe elevadas dosis de información al lector con una tremenda claridad expositiva, dando sentido al famoso dicho “una imagen vale más que mil palabras”. Se trata de un recurso exclusivo del tebeo, pues se sustenta en la imagen fija, y en la posibilidad del que mira en detenerse en ella el tiempo que considere necesario. Solo así es posible  crear narraciones de densidad “jamesjoyceana” en (preciosos) cuadernillos de tan solo unas decenas de páginas, como el aclamado autor viene haciendo últimamente en sus  “Acme Novelty Library”.

Chris Ware - Acme Novelty Library #18

Dash Shaw es uno de los más brillantes autores de la generación post-Ware, y de los pocos que ha utilizado las enseñanzas del maestro para crear un estilo y discurso personales alejados de la sombra del “gigante”. Un buen ejemplo de ello es su última novela gráfica, la alucinada y alucinante “BodyWorld

Publicada originalmente en la web (puede leerse aquí), llama la atención que esas tiras de jpgs, que se devoraban casi a velocidad de rueda de scroll, puestas en papel formen un volumen de más de 300 páginas. Una nueva demostración de la increíble capacidad de trabajo de Shaw, cuyo ritmo de producción encaja más en el ámbito del manga “industrial” que en el de la novela gráfica. Por supuesto, no esperen en sus páginas la exquisitez y la atención al detalle de un Crumb, un Burns o ya no digamos un Ware. Shaw no es la rehostia en ese sentido, pero lo que hace funciona de maravilla para lo que quiere contar, que es lo que de verdad interesa.

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De entrada, Shaw nos pone en contexto a través de un sencillo mapa dibujado sobre papel cuadriculado. Este mapa representa Boney Borough, un pequeño pueblo-prototipo de la nueva sociedad del bienestar post-guerra en los EEUU… no me pregunten qué guerra porque la acción se sitúa en el año 2060. Cada vez que la narración salta en el espacio, queda claramente indicado en la primera viñeta de la nueva escena, que muestra las coordenadas de la nueva localización. Puede parecer una tontería, pero este recurso produce en el lector una sensación de “visión de conjunto” tal que, poco a poco percibimos al pueblo como un superorganismo que funciona en base a los movimientos de multitud de entidades autónomas pero interconectadas… un bodyworld.

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Este “superorganismo” recibe un inesperado agente externo, el profesor de botánica Paulie Panther, neoyorkino atraído por los rumores surgidos en Internet acerca de  una misteriosa especie de planta avistada en los bosques del lugar. Los intereses de Panther van más allá de lo puramente académico, más que nada quiere experimentar  en carne propia los efectos de la planta. Panther trastoca la normalidad local, por una parte ejerciendo de camello y flirteando con jovencitas en las inmediaciones de la high school del pueblo;  por otra, poniendo involuntariamente en marcha una reacción en cadena psico-químico-socio-catárquica de impredecibles resultados.

Dash Shaw - Body World (1)

Para transmitir la idea de futuro cercano, Shaw pasa de la estética hi-tech y se centra en dar una visión estrafalaria del presente: los móviles y los ordenadores son externamente iguales a los que tenemos a principios de siglo, pero hacen más cosas; la gente utiliza ropa común, pero conjuntada en desquiciadas configuraciones, que unida a los excéntricos peinados que se gastan, nos dan una nítida imagen exterior de sus mundos interiores… como pasa ahora, pero magnificado.

Para dibujar  las secuencias narrativas “under the influence”, el autor tampoco cae en tópicos y lugares comunes, sino que recurre a elementos propios de ciertos movimientos de arte moderno muy poco explotados fuera del ámbito de la pintura. Si Ware se sirve del diseño gráfico y el uso de diagramas para superponer varias capas de información en sus planchas, Shaw lo hace a través de técnicas cubistas, expresionistas, futuristas, etc…

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“BodyWorld” constituye una imposible mezcla de opereta de instituto, arte moderno, ciencia ficción dickiana y “rollo Twin Peaks”, capaz de generar extrañeza en todas esas vertientes, con un discurso cómico a la vez que desolador sobre la eterna lucha entre el yo-individuo y el yo-parte-de-la-masa. Otro gran logro de Shaw, que si sigue trabajando a este ritmo con la misma calidad, se convertirá muy rápido en una leyenda viva del tebeo.

Postermania (XIII): Weerasethakul x Ware

Encuentro de titanes: Chris Ware ilustrando el póster de la última y laureada película de Apichatpong Weerasethakul,Uncle Boonme who can recall his past lives”. Dos artistas indispensables para entender el presente (y posiblemente el futuro) de sus respectivos campos de actividad.

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Aprovecho el post para contarles que pese a mi ya comentada incapacidad de pasar de la página 30 de “Jimmy Corrigan” (y no es por no intentarlo), me estoy poniendo al día con los Acmes más recientes y allí sí veo el genio que durante tanto tiempo se me ha “escapado”. Pero insisto: “Jimmy Corrigan” se pierde en lo formal, es ahora cuando Ware está poniendo su lenguaje al servicio de la emoción pura. 

En cuanto a “Uncle Boonme…”, comentar que Weerasethakul declaró en varias ocasiones que los tebeos populares tailandeses fueron una importante fuente de inspiración para la peli. Se la recomiendo encarecidamente.

Excuses

En breve tendremos nuevo disco de Bibio, cuyo anterior LP “Ambivalence Avenue” supuso para mi una grata sorpresa hace dos temporadas, convirtiéndose algunos temas de éste y su EP anexo “The Apple and the Tooth”, en items recurrentes en mis playlists.

Para ir abriendo boca, ya está disponible el videoclip de “Excuses”, un tema muy de la casa, con una primera parte con aires de funk sedante (en el sentido más clínico de la palabra) que evoluciona a terrenos propios del braindance polirrítmico e hipersensorial. Todo amenizado con las sincrónicos destellos elaborados por Michael Robinson.

Fear and Loathing in Spain

La sinrazón ha triunfado. El caso “Holocausto Vigalondo” se ha cobrado una importante víctima: el blog del director cántabro, perteneciente al conjunto de bitácoras auspiciadas por El País.

Nacho Vigalondo

Esta situación da mucho, mucho miedo, porque demuestra que la sinrazón absoluta, convenientemente dirigida puede causar presión real y consecuencias reales. Porque ciertos medios de ultraderecha neoliberal, con tal de anotarse tantos en su guerra sucia, no les importa poner en su diana a gente normal, que no tiene nada que ver con los tejemanejes de la “alta política” (nótese el entrecomillado), y que no es ni rica ni poderosa como para poder defenderse debidamente o para que la mierda que les echan encima no les afecte personal y/o laboralmente. Y sobre todo, porque otro medio, supuestamente sensato, orgulloso de su prestigio internacional, que presume de ser uno de los 5 elegidos para manejar el material de Wikileaks, adalid de la libertad de expresión (etc, etc)…  haga este tipo de concesiones y no sea capaz de apoyar a uno de sus colaboradores en una cuestión tan ridícula.

En fin, si el mundo fuese justo, Vigalondo escribiría un guión con su tragicómica historia, los Coen se lo comprarían, harían la película y todos aquellos que hicieron el ridículo quedarían ridiculizados para la posteridad. Volviendo a la realidad, solo espero que reabra su bitácora en otra plataforma lo antes posible y nos siga ilustrando con sus (estas si) sensatas impresiones acerca del cine, la cultura pop y por extensión, eso a lo que llamamos realidad.

Reggaeton

“(…). Creo que nuestro futuro se parecerá a un vídeo de reggaeton: la prostitución y el narcotráfico serán los grandes modelos profesionales, mientras que todos los demás —hombres y mujeres— no tendremos otro remedio que mover el culo incesantemente mientras apuntamos a cámara con nuestros dedos o nuestras pistolas. El nuevo fascismo será un fascismo en perpetua fiesta. Una fiesta del yo en el que todos los yos estarán jodidos porque, en el fondo, no serán más que mercancías con el deber de venderse y promocionarse a sí mismas a cada minuto.(…)”

(genial) Jordi Costa entrevistado en Cronicas del Hype

Top30 (XXVI): X-Force/X-Statix

A principios de los dosmiles, la entrada de Joe Quesada como Editor in Chief en Marvel supuso una auténtica revolución para la editorial en particular y el cómic mainstream americano en general. La “Casa de las Ideas” no atravesaba su mejor momento, continuando una política editorial a todas luces agotada tanto en lo creativo como en lo económico: Franquicia mutante a la deriva y sin rentabilizar el éxito de la película; Spider-man dando tumbos entre interminables reseteos y/o nefastos eventos “impactantes” que no le dejaban levantar cabeza, y el resto de series saliendo un poco del pozo noventero al que habían sido arrojadas, pero aún sin la suficiente pegada.

384-1 Spider-Man Chapter One #1

Quesada cambió todo a base de fuerza creativa renovada: Mezcló los mejores autores “de la casa” con gente de la esfera independiente y con habituales de DC/Vertigo, a los que arrastró a la competencia a golpe de talonario y promesas de libertad creativa en títulos punteros. Los resultados fueron dispares, pero el tiempo hace olvidar los fiascos y recordar los aciertos, que fueron espectaculares, y cambiaron el paradigma vigente en cuanto al modo de producir tebeos de superhéroes. Un puñado de títulos quedaron grabados en mi memoria subcultural, pero si tengo que quedarme con uno, como representante de esa nueva ola, sería el ”X-Force” de Peter Milligan y Mike Allred, y su continuación “X-Statix”.

X-Force #116 - página 8

Para explicar la naturaleza de este título empecemos con los autores: Con Milligan y Allred se juntaron el hambre y las ganas de comer en cuanto obsesión por la cultura pop y el concepto de “fama”. Ya habían colaborado esporádicamente en alguna cosita, pero la que nos ocupa fue su gran obra conjunta, dónde sus universos se fusionaron para formar un todo que mejoraba a cada una de sus partes. El dominio de la imaginería pop por parte Allred unido a la capacidad de Milligan para captar el pulso de los tiempos dieron como resultado una obra disfrutable a varios niveles, llena de referencias a temas de actualidad y que se adelantó a su tiempo en esto de exponer el funcionamiento del star system, por dentro y por fuera, con sus grandezas y miserias.

X-Force 118

“X-Force” no era un título nuevo. Se trataba de una cabecera creada para gloria y lucimiento de Rob Liefeld diez años atrás, en plena era de los dibujantes hot. En una especie de metarreferencia al “nuevo orden” instaurado por Quesada, los autores ubicaron allí a sus nuevos personajes, que no tenían relación alguna con lo visto en los 115 números anteriores. La nueva “Fuerza-X” estaba compuesta por mutantes, pero no eran temidos ni odiados, sino que formaban parte del show business con todo lo que ello conlleva: merchandising, asesores de imagen, clubs de fans, acoso de la prensa… pero Milligan no se limita a clichés más o menos establecidos y hurga todo lo que puede en la herida de eso de “querer ser alguien” con una profundidad poco usual para la época: Nuestros “héroes”  padecían una obsesión enfermiza por ser “lo más”, no podían soportar que sus propios compañeros (incluso parejas) les superaran en popularidad.  Hasta aquellos que se alistaban por otras razones, como Orphan, acababan infectados con el virus-fama tras un tiempo en el equipo.  En un primer golpe de genialidad, el primer episodio presentaba a una serie de personajes, con su contexto vital, esbozando líneas de desarrollo futuro para los mismos, pero al final del capítulo… casi todos acababan muertos en una misión, siendo sus sustitutos y un par de supervivientes los verdaderos protagonistas del resto de la serie. A los lectores nos quedaba claro que allí los superhéroes, como sería lo lógico,  mueren fácilmente, y los (miles de) candidatos para sustituir vacantes lo saben, pero no les importa. ¿Puede existir una metáfora mejor para explicar lo que ocurre con Gran Hermano y otras telerrealidades, en las que los concursantes se exponen voluntariamente a sepultar toda  su vida anterior por cinco minutos de fama y un puñado de bolos en discotecas?

X-Force #116 - página 22

Pese a la apariencia “liviana” y poppie del tebeo a primer golpe de vista, lo cierto es que allí se desarrollaba un contexto de  ultraviolencia, lujuria y tratamiento realista de las relaciones humanas poco compatible con el mítico sello censor “Comics Code Authority”. En una maniobra sin precedentes, Marvel prescinde del código, primero en este título y poco después en todos los demás, imponiendo su propia calificación por edades. Toda una revolución para el mainstream americano, subyugado a los dictados  del Code desde los años cincuenta. Diez años después (hace unos días, de hecho) la anquilosada DC Comics se ha atrevido a dar el paso, dejando este nefasto símbolo ”castrador” virtualmente muerto.

Comics codeNo Code!

El apartado gráfico resultó también un auténtico festín. Allred no se adocenó por el hecho de trabajar a sueldo para la “gran industria”, y dejó un buen montón de momentos alucinógenos, llenos  de experimentación y unos cuantos guiños al imaginario colectivo visual. Como no podía ser de otra forma, el artista fue incapaz de mantener el ritmo de entrega mensual y tuvo que dejar en manos de  terceros algún que otro episodio suelto, pero hasta en este impopular asunto el editor Axel Alonso dio en el clavo contratando a unos sustitutos de auténtico lujo: Duncan Fegredo, Darwin Cooke, Paul Pope… una sucesión de estrellas que casi hacían desear que a Allred se le echara el tiempo encima más a menudo.

X-Force #123 - página 18 

En fin, un tebeo de los que hacen época, tanto por su calidad como por lo que demostró: que las fronteras entre lo mainstream y lo alternativo pueden ser extremadamente finas y que ningún género es inherentemente malo para tratar según que temas, todo depende del talento que haya detrás para poner la cosa en marcha.

Anteriormente en Top30:
Intro (qué es Top30)
Ulises 31
Los 4 Fantásticos
Secret Wars
Transformers
Batman y los Outsiders
Batmanía
Dragon Ball
Darkseed
Parque Jurásico
John Byrne’s Next Men
Trilogía Nikopol
La fOntana y la sOnda
12 Monos
Pulp Fiction
Wipeout
Brut Comix
La Casta de los Metabarones
Ænima
Carretera Perdida
The Invisibles
Cosecha Cinematográfica del 99
La Caída
Los Soprano
La Pianista
South Park

Covermania (XV): Incognito

Una cosa que me encanta de “Incognito” es cómo Brubaker y Philips mezclan la estética de cierta serie B “años 50”, que remite a primitivas e inocentes edades pop, con unas historias duras y “a ras de suelo” dignas del mejor género negro. Esta portada lo ejemplifica de maravilla. Fíjense como destacan en rojo, por un lado la pistola de rayos tipo Marvin el Marciano y por otro la sangre chorreando por la naríz del tipo.

Incognito - Bad Influences

Monsters

Soy de los que opinan que una película se disfruta más cuanto menos contaminado esté el espectador de datos y comentarios previos acerca de ella. Si después uno quiere saber más, que busque en Internet o que se mire los extras del DVD, pero siempre a posteriori, porque la (des)información previa nubla el criterio propio de manera considerable. Aunque para todo hay excepciones,  y “Monsters” es una de ellas.

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Del film de Gareth Edwards es muy importante saber una cosa a priori: que se hizo con “cuatro duros” y, por lo tanto, salvo pequeños (y evidentes) detalles de atrezzo y retoque digital,  las localizaciones que en él aparecen son reales. La “Zona Infectada” y contorno, parasitada por una especie alienígena de monstruos gigantes y por ello sometida a  continuos asedios por parte del ejercito, es en realidad un conjunto de apocalípticamente bellos parajes pertenecientes a Costa Rica, Guatemala, Belice y México.

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Este dato aporta una nueva dimensión a la película. Por una parte, hace sospechar que se trata tanto de un producto de ciencia ficción como de un documental encubierto, como si la historia fuese una excusa del realizador para arrastrar al espectador a la butaca y así hacerle partícipe de aquello que su  mirada ha conseguido captar en tierras latinoamericanas. Por otro lado juega con la metáfora de la guerra contra los aliens para poner en evidencia realidades mundanas: los pulpos gigantes son falsos, pero las formas de vida, el estado de las viviendas, las fronteras cerradas… todo eso es verdad.

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Con lo dicho, queda claro que  Edwards ha creado un producto ciertamente particular, en el que ha sabido encajar piezas tan dispares como la ciencia ficción, el documentalismo “ambient”, y la reflexión social. En cuanto a este último tema, la cosa no se reduce a las problemáticas de los países en desarrollo y zonas afectadas por la guerra, también el primer mundo y sus contradicciones están muy presentes. La pareja protagonista, norteamericanos unidos por el azar y obligados a atravesar la zona infectada para regresar a sus hogares, emprenden el viaje más por imposición que por voluntad propia, porque ese mundo confortable y seguro es también un pozo de obligaciones, responsabilidades e insatisfacciones…

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No me enrollo más, para no “contaminarles” demasiado. Eso si, les dejo el tema principal de la espléndida banda sonora de la peli, compuesta por Jon Hopkins, de las que contribuyeron a que 2010 fuese un buen año en lo que se refiere a scores fílmicos:

Jon Hopkins – Monsters Theme by Jon Hopkins

Tráiler:

Parecidos Razonables: Songs About Fucking…

Big Black - Songs About Fucking

kid606 - Songs About Fucking Steve Albini

Gracioso homenaje que le hace Kid606 a Steve Albini y por extensión a Big Black con la portada y título de su último álbum. Gracioso porque, a nivel musical poco tiene que ver la ultraviolencia sonora de “Songs About Fucking” con el carácter cuasi-ambient de “Songs About Fucking Steve Albini”. Según leo en Wikipedia, el meollo está en que Kid606 se sirvió únicamente de maquinaria analógica para crear las tracks del disco, como le gusta a Albini, auténtico talibán del proceso de producción analógico.

Banda sonora del post:
Big Black – "The Power of Independent Trucking"

Kid 606 – “Mild pureed ego”

Mother Box

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La “Caja Madre” es un dispositivo concebido por Jack Kirby a principios de los setenta para su célebre saga cósmica “El Cuarto Mundo”. Se trata de un pequeño dispositivo, basado en tecnología microelectrónica y dotado de algún tipo de vida/inteligencia artificial  que, conectado con “La Fuente” puede acceder al vasto saber cósmico y servir en todo lo que necesite a su único e intransferible dueño, con el que mantiene un vínculo tecno-psíquico.

Si Kirby hubiera estado un poco más fino con la nomenclatura, todo el mundo se daría cuenta que sus historias dejan a las “profecías” de Verne, Kubrick o Clarke a la altura del betún.

P.D.: Lo iPhones no pueden todavía abrir tubos teleportadores ni curar heridas… pero todo se andará.