David

Cine Teatral

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Coinciden estos días en las carteleras dos películas que comparten un par de características remarcables: Son adaptaciones de piezas teatrales y fueron dirigidas por sendos maestros indiscutibles del séptimo arte. Creo que vale la pena comentar lo que ha salido de estos procesos de conversión en base a la naturaleza de las obras originales y las soluciones aportadas por sus respectivos realizadores.

Un Dios Salvaje - Polanski dirigiendo

Por parte de Roman Polanski nos llega “Un Dios Salvaje”, adaptación de la minimalista pieza de Yasmina Reza: Dos parejas de padres se reúnen en el piso de una de ellas (única localización) para  resolver cordialmente una disputa entre sus respetivos hijos que terminó con uno de ellos agredido por el otro. Según pasan los minutos, la corrección política de los padres va desapareciendo en favor de la catarsis.

Atendiendo a su argumento, el material de base parece propicio para ser manejado por Polanski. Pero si nos adentramos un poco en el libreto nos damos cuenta que realmente los diálogos no dan la talla. Primero, porque no logran mantener el interés inicial durante la hora y media escasa de metraje, y segundo, porque  parecen escritos para complacer como espectadores a esa clase burguesa que por otra parte pretenden poner en evidencia. Más que para remover conciencias, todo está planteado para que el espectador salga del cine/teatro orgulloso de la altura intelectual que le ha proporcionado el haber asistido al espectáculo. Un tipo de comportamiento muy asociado, pese a quien le pese, al consumo cultural de  artes escénicas y conciertos de música culta. Obviamente, los dramaturgos contemporáneos saben en que mundo se mueven, y creo que Yasmina Reza escribió “Un Dios Salvaje”  pensando mucho en su público objetivo.

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Según leí, Polanski se tomó el carácter minimalista de la obra  (cuatro personajes y un solo escenario) como un desafío cinematográfico. En lo que respeta a las actuaciones ha salido muy bien parado, con un casting perfecto que ha dado lo mejor de sí, en especial Kate Winslet y Cristoph Waltz. Dónde no ha estado tan fino es en el aspecto puramente cinematográfico. Polanski ha demostrado ser un genio a la hora de posicionar la cámara y manejar la mirada del espectador, pero en esta ocasión el contexto ha podido con él. Con cuatro personajes hablando sin parar, juntos en la misma habitación en el 90% del metraje, poco margen de maniobra le quedaba. En este caso, no hay “toque Polanski”, sólo teatro filmado con buen oficio.

Un Método Peligroso - Cronenberg en el set

Pienso que David Cronenberg ha salido mejor parado con “Un Método Peligroso”, adaptación de “La Cura del Habla” de Christopher Hampton. De nuevo, se trata de material que parece hecho de encargo para Cronenberg: El cruce de caminos entre Sigmund Freud, Carl Jung y Sabina Spielrein planteado como un momento crucial en la evolución del psicoanálisis, con mucha mala praxis y lucha de egos de por medio.

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No sé hasta que punto se ha modificado el texto original para su conversión a guión cinematográfico, pero lo cierto es que el estilo clínico de los diálogos le viene al pelo a la quirúrgica narrativa visual de Cronenberg. La formalidad del lenguaje contrasta con la  la intensidad del conflicto emocional e intelectual en el que se ven sumidos sus tres protagonistas. Este elemento lingüístico forma parte de la seña de identidad más poderosa del film: su marco contextual. Da la impresión que los personajes piensan, hablan y actúan como auténticos pioneros del psicoanálisis, no como personajes estandar “de época”  que sueltan de vez en cuando algún chascarrillo sobre el inconsciente o el complejo de Edipo.

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De esta manera, Cronenberg saca adelante una película “de época” dotada de una dimensión alienígena poco común en este tipo de producciones, y lo consigue no a través de planos rebuscados, ni con secuencias oníricas y/o alucinatorias, sino  mediante dos recursos tan apegados a lo teatral como son el lenguaje y las interpretaciones. Por cierto, ojito a la Knightley, carne de Oscar.

Rob! (Kirkman)

The Infinite #2 - Cover

En una reciente entrevista a Robert Kirkman (no recuerdo en que medio) realizada a cuento del estreno de “The Infinite”, el ahora mediático guionista explicaba que esta nueva serie estaba pensada para sacar el máximo partido al estilo gráfico de su dibujante, el celebérrimo Rob Liefeld. Kirkman hablaba de que los personajes diseñados por Rob! suelen vestir trajes de combate llenos de cartucheras y artilugios tecnológicos que nadie parece saber para que sirven. Uno de sus objetivos como escritor de la serie sería darle sentido y uso a todos esos cachivaches.

Robert Kirkman

Semejantes declaraciones pueden parecer anecdóticas, pero lo cierto es que reflejan una de las características más importantes del estilo Kirkman: su naturaleza exageradamente explicativa. Robert es un fanboy de la vieja escuela, de los que aman conceptos como “moléculas inestables” o “traductor universal” y detestan los agujeros argumentales.  En sus universos de ficción no hay cabos sueltos, cualquier posible duda del lector sobre las motivaciones o comportamientos de los personajes queda resuelta en alguna escena de diálogo planificada de antemano. A Kirman no le pillas en renuncios.

Inception y sus lagunas argumentales
Con Kirkman esto no pasa

Además de las incongruencias de guión y/o continuidad, hay otro aspecto que el geek clásico no soporta en un tebeo: que la historia no avance. En eso tampoco podremos pillar a Kirkman. Tanto en “Los Muertos Vivientes” como en “Invincible” (sus dos series largas) no paran de pasar cosas, las tramas avanzan a la velocidad del rayo, cambiando constantemente el estatus quo de los personajes. Hay muertes, nacimientos, cambios de bando, revelaciones impactantes, elipsis temporales… pero nada gratuito o irrelevante, y sobre todo sin posibilidad de reseteos. Kirkman forja continuidad a la vieja usanza, como lo hacía Stan Lee y Jack Kirby en los inicios de la era Marvel.

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En definitiva, podríamos considerar a Robert Kirkman como el Peter Jackson del mundo del cómic: Un individuo que ha sabido forjarse una identidad  creativa en base a recuperar modelos narrativos denostados, pero también añorados por los que crecimos consumiéndolos. Por mi parte, sacando mi friki interior, solo puedo gritar a los cuatro vientos, y esta vez sin pizca de pitorreo: VIVA ROB!!! (Kirkman).

Parquet

Elektro Guzzy - Parquet

Creo que mi fascinación por la música de filosofía electrónica ejecutada con instrumentos clásicos ha quedado bastante clara en el penúltimo Top30, dedicado a Battles . Casualmente, unos días después de escribirlo descubro una banda que lleva esa práctica al paroxismo: Los austriacos Elektro Guzzi se sirven de guitarra, bajo y batería para tocar un estilo tan mecánico y enraizado a lo sintético como es el techno

La verdad es que el experimento funciona bastante bien. Siendo sincero, creo que “Parquet” es un buen disco más por el trabajo de composición que por como ha sido grabado. De todas formas, las reconocibles y no totalmente sincrónicas pulsaciones de cuerda y toques de tambor le dan un puntillo especial, como si el hecho de saber que hay unos brazos y dedos humanos detrás de cada beat aportase un  esquizofrénico “nosequé” a la escucha, entre lo cálido y lo alienante.

Elektro Guzzi – Affumicato 

Maestros en lo suyo

Hong Sang-soo    thefield540

En el ámbito de lo creativo, al concepto de “repetición” lleva las connotaciones negativas de serie. “Repetido = sin novedades” es lo primero que nos viene a la cabeza. Este prejuicio hacia lo repetido puede tener su justificación, pero existen excepciones. Pulula por ahí una rara especie de autores que, a base de repetirse, se han construido pequeños nichos creativos en los que se manejan con maestría absoluta. Se repiten, si. Pero se repiten en la genialidad, y por ello nunca aburren. A continuación dejo dos ejemplos de este fenómeno, dos “repetidores” natos cuyos últimos productos he degustado recientemente.

Oki's Movie

El primero: Hong Sang-soo. Cineasta coreano de la cotidianeidad, o mejor dicho, de su cotidianeidad. Sus películas siempre se desarrollan en los márgenes contextuales de la docencia universitaria y/o el mundillo del cine independiente. El director recrea en celuloide el mundo que mejor conoce con una honestidad brutal, lleno de gente que se cree más inteligente y menos egoísta de lo que realmente es. Los personajes de Sang-soo suelen entablar largas conversaciones mientras comen (y beben) en acogedores restaurantes o pasean por cotidianos parajes invernales enfundados en sus plumíferos.

[media id=49 width=450 height=290]Sang-soo metaexplicado en “Oki’s Movie” + momento embarazoso 

La normalidad del ambiente contrasta con el contenido de las no tan anecdóticas conversaciones, en las que se mezclan las medias verdades, el autoengaño, la manipulación emocional, y de vez en cuando también arrebatos de hiriente sinceridad. En el universo a golpe de zoom de Sang-soo lo sutil suele desembocar en lo cómico, lo ridículo  y lo catárquico, como en la vida misma. Su penúltima película, “Oki’s Movie” no se sale del patrón, y aún así resulta tan fresca como las anteriores.

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Cambiemos de personaje y medio: Axel Willner, alias The Field ha convertido el loop en el fundamento de toda su producción musical. El título de su último LP “Looping State of Mind” es  una redundante declaración de intenciones para los que ya conocíamos su idiosincrasia.  Cada tema de The Field se basa en  la repetición de patrones sonoros que se entrecruzan y microevolucionan en hipnóticas formas. Cuando hincas el diente a  nuevo material suyo, sabes de sobra con lo que te vas a encontrar, pero ello no impedirá que escapes de su mesmerizante influjo.

The Field – "Looping State of Mind"

Intromania (VII): Homeland

Magistral la forma de definir un personaje en una secuencia de menos de minuto y medio como han hecho los responsables de “Homeland” en los títulos de crédito de la serie. La naturaleza luchadora a la vez que psicótico-paranoica  de Carrie Mathison (interpretada por Claire Danes) queda perfectamente reflejada a través de una yuxtaposición de imágenes y audios que parecen arrancados de su (ficticio) subconsciente.

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Postermania (XVIII): Moogfest

Dos “postermanías” tan seguidos pueden dar la impresión de que estoy recurriendo al posteo fácil, pero la verdad es que no me puedo resistir a colgar el maravilloso cartel que los de Spike Press diseñaron para la exposición  del Moogfest de este año.

Moogfest

Banda sonora del post:
Emerson, Lake & Palmer – “Karn Evil 9: 1st Impression”

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Top30 (XXIX): EP C / B EP

Battles EP C B EP

Allá por el 2006, aún sacaba de vez en cuando  el envoltorio al CD incluido en la Rockdelux. En el número de abril de ese año tocó nada menos que un recopilatorio de Warp Records, con el que se pretendía dar a conocer la política “aperturista” practicada por el sello en los últimos tiempos, en los que la música basada en guitarras dejó de estar vetada en su catálogo. En ese compacto compartían espacio magos de lo sintético como Clark, Plaid o Boards of Canada con gente más apegada a los instrumentos clásicos como Maximo Park, !!!  o mi gran descubrimiento de esa tracklist: Battles.

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Battles – "Tras"

No era yo desconocedor de la etiqueta “math rock”, pero nunca vi tan claro el significado del término como en la música que hacían Battles. El material de la banda editado hasta el momento, “EP C” Y “B EP” (reeditados conjuntamente tras la firma con Warp), conformaban una inquieta e imaginativa búsqueda de patrones rítmicos a través de guitarra, bajo, batería y teclados, adecuadamente procesados mediante un buen surtido de maquinaria analógica y digital. Battles se erigía así como la banda-puente entre el pasado y el futuro de Warp.

Battles

Resulta curioso que una panda de virtuosos en sus respectivos instrumentos, algunos de ellos con un pasado en un mundo tan antielectrónico como el del  metal, se juntaran para producir música con una filosofía tan “de síntesis”, donde el ritmo y las cadencias repetitivas postprocesadas  lo eran todo. Su falta de complejos ante la tecnología subió un nuevo peldaño en su siguiente trabajo “Mirrored”, donde las complejas estructuras sonoras instrumentales se mezclaban con voces pitufadas.

Los Battles, con esos dos EPs de debut, se convirtieron para mi en el ejemplo perfecto de los caminos que debería tomar la música pop del futuro: la integración con “lo electrónico” en formas novedosas e imaginativas.

Anteriormente en Top30:
Intro (qué es Top30)
Ulises 31
Los 4 Fantásticos
Secret Wars
Transformers
Batman y los Outsiders
Batmanía
Dragon Ball
Darkseed
Parque Jurásico
John Byrne’s Next Men
Trilogía Nikopol
La fOntana y la sOnda
12 Monos
Pulp Fiction
Wipeout
Brut Comix
La Casta de los Metabarones
Ænima
Carretera Perdida
The Invisibles
Cosecha Cinematográfica del 99
La Caída
Los Soprano
La Pianista
South Park
X-Force/X-Statix
Visitor Q
The Wayward Cloud

Frank Miller’s Holy Terror

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En los comentarios del post sobre “Prison Pit” en este blog, Toni Bascoy decía acertadamente:

“Parece que hay una nueva corriente en USA, unos tipos muy iconoclastas y medio pirados que se están enfrentando a ese acabado tan exquisito de Ware y su cohorte de seguidores a base de comics que parecen hechos de forma automática, desde un subconsciente medio perjudicado, llenos de manchones y vías muertas. Parecen fantasías preadolescentes, donde sexo y violencia se confunden y solapan.”

Una vez leído el “Holy Terror”, no puedo dejar de pensar en Frank Miller como nuevo miembro de pleno derecho de este “movimiento” que apela al infraconsciente atávico para hacer comics. Es más,  “DK2” podría considerarse un precedente de esta manera de proceder, al menos en su (discutidísimo) apartado gráfico.

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Frank Miller vs. Brian Chippendale

Pero a diferencia de Brian Chippendale, C.F. o Johnny Ryan, Miller es viejo y está muy cabreado. Como un Bruce Wayne incapaz de asumir la muerte de sus padres, Miller todavía no ha superado el 11-S, y “Holy Terror” es su infernal fantasía de venganza hacia el terrorismo islámico. Una fantasía que parece no haber sido procesada para su traslación a comic, descontextualizada, con un argumento incoherente y salpicada de fugas eróticas sadomasoquistas. Del cerebro al papel sin ningún tipo de filtros.

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La habitual componente satírica de Miller desaparece. “Holy Terror” respira resentimiento y desdén hacia la cultura islámica,pero tambíen reproche hacia la cultura occidental, que el autor acusa de blanda frente al tremendo enemigo con el que tiene que lidiar. Su pensamiento puede resumirse en una secuencia de dos viñetas incluida en el tebeo: en la primera, un grupo de jóvenes occidentales en el cine disfrutando de “Transformers”, en la siguiente, la juventud islámica enfurecida practicando una lapidación. “Holy Terror” es ideológicamente aberrante pero artísticamente fascinante. Para el lector es una conexión en crudo y sin cesura con la mente de Frank Miller a través del lenguaje del tebeo. Si lo que encontramos en ese oscuro lugar no es de nuestro agrado, ya es otro debate.

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Respecto al estilo gráfico, podemos ver cierta evolución hacia el garabato. Frente a la predominancia de  trazos gruesos en el “DK2”, en esta nueva obra vemos muchas viñetas que parecen dibujadas a Bic naranja. Tampoco faltan página llenas de manchones de tinta informes, y la rotulación parece hecha a mano de manera semiprofesional. Es como si el tebeo tuviese más sentido presentado como fanzine que como novela gráfica en tapa dura.

Holy Terror - Frank Miller

Pese a la mala recepción crítica que está teniendo “Holy Terror”, recomiendo su lectura, aunque solo sea para satisfacer el apetito voyeur del lector hacia el autor.