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Listmanía (VI): 50 Invisibles

martes, 9 de septiembre de 2008

Haciendo un pequeño paréntesis a la interminable (y ya un poco cansina) lista de los 1001 discos, les dejo hoy aquí la lista de películas confeccionada por la redacción de Cahiers du Cinema España para su nº14 (Julio-Agosto), centrado en el “cine invisible”. Se trata de 50 films que, festivales aparte, no han podido verse todavía en las salas de cine españolas. Triste, pero más triste todavía resulta que algunos de los directores que aparecen en la lista, con toda una carrera cinematográfica a sus espaldas, no hayan visto estrenadas por aquí ni una sola de sus películas.

Como siempre, para darle un toque personal, puntuaré con las típicas estrellitas todas aquellas películas que he podido ver gracias a medios de distribución “alternativos”. Además las clasificaré en colores según el siguiente código:

Azul: La vi.
Verde: No la vi, pero la tengo en la recámara (caerá un día de estos).
Rojo: No la vi, quiero verla, pero todavía me es imposible acceder a ella.

Allá va:

L’Aimée (Arnaud Desplechin, 2007)

All the Real Girls (David Gordon Green, 2003)

Armonías de Werckmeister (Béla Tarr, 2000)

La Blessure (Nicholas Klotz, 2004)

Bug (William Friedkin, 2006) (**)

Café Lumière (Hou Hsiao-hsien, 2003)

Il Caimano (Nanni Moretti, 2006)

Chats perchés (Chris Marker, 2004)

Clean (Olivier Assayas, 2004) (***)

Cleopatra (Julio Bressane, 2007)

Conte de Cinema (Hong Sang-soo, 2005) (****)

Un couple parfait (Nabuhiro Suwa, 2005)

Cristóvao Colombo. O enigma (Manoel de Oliveira, 2007)

The Death of Mr. Lazarescu (Cristi Puiu, 2005)

Flandres (Bruno Dumont, 2006) (***)

Go Go Tales (Abel Ferrara, 2007)

I Don’t Want to Sleep Alone (Tsai Ming-liang, 2006) (*****)

I’m Not There (Todd Haynes, 2007)

Import/Export (Ulrich Seidl, 2007)

Kairo (Kiyoshi Kurosawa, 2001) (****)

Là-bas (Chantal Akerman, 2006)

Last Life in the Universe (Pen-ek Ratanaruang, 2003) (*)

Il mio viaggio in Italia (Martin Scorsese, 2001)

Los muertos (Lisandro Alonso, 2004) (****)

My Blueberry Nights (Wong Kar-wai, 2007)

My Winnipeg (Guy Maddin, 2007)

No quarto de Vanda (Pedro Costa, 2000)

Oh! Uomo (Y. Gianikian y A. Ricci Lucchi, 2004)

Old Joy (Kelly Reichardt, 2006)

Paprika (Satoshi Kon, 2006) (****)

Paranoid Park (Gus van Sant, 2007) (*****)

Le Pont des Arts (Eugène Green, 2004)

Profils paysans (Raymond Depardon, 2001-2008)

Los rubios (Albertina Carri, 2003)

S-21, La Machine de mort khmère rouge (Rithy Panh, 2003)

Sauvage innocence (Philippe Garrel, 2001)

Shara (Naomi Kawase, 2003)

A Short Film About The Indio Nacional (Raya Martin, 2000)

Sobibor, 14 octobre 1943, 16 heures (Claude Lanzmann, 2001)

The Sun (Alexander Sokurov, 2005)

Syndromes and a Century (Apichatpong Weerasethakul, 2006) (*****)

Ten Minutes Older (V.A., 2002)

13 Lakes (James Benning, 2004)

Transe (Teresa Villaverde, 2006)

Trouble Every Day (Claire Denis, 2001) (***)

Une visite au Louvre (D. Huillet y J-M. Straub, 2003)

West of the Tracks (Wang Bing, 2003)

Wide Awake (Alan Berliner, 2006)

The World (Jia Zhang-ke, 2004) (****)

Youth Without Youth (Francis Ford Coppola, 2007) (****)

Un inciso: Resulta extraño que en los casos de Olivier Assayas y Claire Denis, dos invisibles por excelencia, hayan escogido para representarlos unos trabajos que no se encuentran entre lo mejor de su filmografía. Yo me decantaría por “Irma Vep” (1996) y “L’Intrus” (2004) respectivamente.

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Palme D’or(opel)

sábado, 26 de mayo de 2007

Se celebra estos días el Festival de Cine de Cannes, el más importante del mundo en lo que a impacto mediático, negocios y glamour se refiere, pero ¿Y de cine … qué?

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En un mundo en el que los costes de producción de un film se han reducido enormemente respecto a la década pasada y los trabajos de postproduccíón se han simplificado muchísimo con la única ayuda de un simple (pero ahora potente) PC, da la impresión de que el festival no ha conseguido adaptarse a los tiempos que corren. Tiempos en los que, no solo están surgiendo multitud de nuevos e interesantes realizadores, sino que también nuevas cinematografías en países hasta ahora sin tradición fílmica.

Mientras estas nuevas propuestas tratan de introducirse como pueden en las secciones paralelas, en la sección oficial acogen incondicionalmente a una élite de realizadores, muchos de ellos ya en sus horas bajas, meten alguna que otra superproducción americana en plan promocional, y si queda sitio, dejan pasar a algun nuevo valor, siempre y cuando hubiera participado en otros festivales, quizás menos famosos pero más arriesgados. Cada dos por tres el concepto de “deuda” arruina el palmarés: Cierto cineasta pasa años de excelencia cinematográfica pero de sequía en lo que a premios se refiere. Entonces llega un punto en el que los cabecillas del evento se dan cuenta de que hay que galardonar a fulanito, pues dejarlo sin reconocimiento con su historial queda muy feo. Así fulanito se lleva la Palma de Oro por la película que estrena ese año, que seguramente no sea de lo mejor que ha hecho, y además deja sin premio a fulanito II, que si entrega una obra maestra. Pero el damnificado que no se preocupe, dentro de x años, cuando esté acabado, le premiarán por su última tontería, y así ad infinitum….Sirva como ejemplo “El Viento que Agita la Cebada” de un ya cansino Ken Loach, que se alzó con el máximo galardon el año pasado.

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Otro tema bastante chungo es el de la autocomplacencia. Entre los films a competición abunda el cine de denuncia. Pero, hay una subcategoría de este cine que suele brillar en los premios, me refiero a estas peliculas en plan “miren en que mierda de país vivo, no como Francia, que es genial”. Resulta vergonzoso que “Fahrenheit 9/11” llevase la Palma de Oro el año en el que competían “Oldboy”, “Tropical Malady”, o “La Niña Santa”. Ver para creer. “Elephant” es una película brillante, pero jamás llevaría premio si no estuviese inspirada en la matanza de Columbine. Este año tenemos otro caso para dar la nota: “Persépolis”, la autobiografía animada de la iraní afincada en Francia Marjane Satrapi, en la que cuenta su infancia y juventud en su represivo pais natal. El film se desarrolla mayoritariamente en Irán con fotografía en blanco y negro, pero al final, cuando la protagonista llega a Francia la pantalla se llena de color. Solo por eso sus posibilidades de llevarse algo crecen considerablemente.

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Ya nos han contado mil y una veces que los nazis fueron muy malos, que en EEUU son muy fachas, y que en muchos paises musulmanes viven todavía hoy en un régimen medieval, pero por ahí hay escondidas ciertas películas que hablan de enfermedades endémicas de este nuestro mundo burgués bienpensante como son la envidia, la ambición,la hipocresía y la vanidad, que generan insatisfacción y amargura en el mundo acomodado a la vez que explotan al resto del planeta. Pero claro, es más cómodo oir a Michael Moore pedir perdón por ser americano que mirarte a los pies y reflexionar que las zapatillas de deporte que llevas fueron cosidas por esclavos infantiles en paises que, con el dinero que te has gastado en tu flamante televisor de pantalla plana podrían comer familias enteras durante meses. Michael Haneke, David Cronenberg o Pedro Costa pertenecen al grupo de mimados del festival, pero mientras no adapten su discurso a la mentalidad burgesa, se tendrán que conformar con premios de consolación.

En pocas horas conoceremos a los ganadores de este año, se dice que Wong Kar Wai la ha pifiado bien, y que Kusturika se ha asentado definitivamente en el reino de la mediocridad, pero no duden que les acogerán con los brazos abiertos la próxima vez.

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