Se ve que “Rosemary’s Baby” es una película con inclinaciones naturales al spoiler. Si por aquí la jodieron con la “adaptación” del título (“La Semilla del Diablo”), en Polonia tiraron de póster:
Y hablando de jodiendas, qué mejor banda sonora para el post que esta versión del tema principal de la peli, elaborada por Fantômas:
“En abril de 2011 el gobierno chino prohibió que apareciesen en TV, películas o novelas todas aquellas historias que hiciesen referencia a realidades alternativas o viajes en el tiempo. Esta es una buena señal para China, puesto que significa que la gente aún sueña con alternativas, así que hay que prohibir este sueño. Aquí no se piensa prohibir nada de eso, porque el sistema en el poder incluso ha suprimido nuestra capacidad para soñar. Fijaos en las películas que vemos todo el tiempo. Es fácil imaginar el fin del mundo, un asteroide que destruya el planeta y ese tipo de cosas. Pero no se puede imaginar el fin del capitalismo.”
Slavoj Zizek, Liberty Plaza, NYC. 9 de octubre de 2011
“He intentado ser humano, pero la gente no quiere la humanidad, ni siquiera quiere al animal. Quiere el Fnac, quiere el coche de lujo, quiere la copa gratis, quiere ser alguien VIP pero también quiere ser estándar. […]. ¿Quién no quiere ser un lugar al que todos quieran ir?
[…]
…Esa es la sociedad. O compras o te vendes, o vendes tu ano o compras anos, o das por culo o te dan por culo. Esto es lo que hay. ”
El otro día, visionando la mediocre “The Greatest Movie Ever Sold” me acordé de “Dragon Head”, el inquietante manga de Minetaro Mochizuki. “The Greatest…” es un documental pésimamente resuelto por el ególatra y michaelmooreano Morgan Spurlock que aborda el tema del product placement, o como le llamábamos en tiempos de “Médico de Familia”, publicidad encubierta. Las necesidades de financiación de los estudios han convertido esta práctica en el pan de cada día para Hollywood. Hemos visto en la gran pantalla desde la estrella juvenil de turno manejando un iPhone hasta a Tony Stark comiéndose una Wooper (con diálogo incluido acerca de su excelente sabor), pasando por Bumblebee transformándose en el último modelo de Chevrolet.
¿Qué tiene que ver Mochizuki y su obra en esto? Pues que, a mi parecer es el autor que mejor ha rentabilizado el product placement para fines narrativos totalmente ajenos a la publicidad… bueno, si a lo suyo se le puede llamar product placement, porque no creo que haya recibido un duro por enseñar marcas en “Dragon Head”. El caso es que las viñetas del susodicho manga están plagadas de productos reales, fácilmente identificables y luciendo logo deliberadamente. Camisetas, calzado deportivo, relojes, chocolatinas, radios, motos… de todo, y muchas veces en plano detalle.
Con todo esto Mochizuki no gana pasta, pero su historia gana una tremenda verosimilitud. Enseñar marcas en pleno fin del mundo hace más realista ese fin del mundo. Enfatiza el brusco cambio de contexto, de normalidad a Apocalipsis, que sufren los jóvenes e inicialmente despreocupados protagonistas de la historia. Si nuestra cultura es la cultura de las marcas, éstas deben estar muy presentes en el fin de la cultura. “Dragon Head” no sería lo mismo si su peculiar product placement.
…Y ya que sale el tema de marcas que aparecen por decisión creativa independientemente de lo comercial, no puedo dejar de recomendarles “Go Ibiza, Go!”, el descacharrante “programa de variedades” perpetrado por Los Pioneros del Siglo XXI. No creo que Carte D’Or (pronúnciese Dior) les haya pagado nada porque una de sus tartas protagonizara el momentazo post-lynchiano del final del segundo episodio, pero les juro que este verano cada vez que veía un puesto de helados con la marca, no me resistía. En verdad, Carte D’Or siempre acierta:
Ya van 5 años sin novedades de David Lynch en el terreno del largometraje. Parece que el hombre anda más interesado en otros proyectos como su (horrible) aventura en la música electrónica y el lanzamiento de su marca de café Signature Cup Coffee.
Quién iba a decir que precisamente esa campaña de marketing nos iba a traer de vuela al mejor Lynch, con un spot/corto que no solo condensa lo mejor de su filmografía, sino que sigue desarrollando las opciones estilísticas abiertas en “Inland Empire”. Este diálogo entre el propio Lynch y la cabeza de una Barbie lo tiene todo: surrealismo, nostalgia, romanticismo extremo, violencia y glamour brumoso. Todo con la máxima economía de medios:
Y a continuación otra pieza publicitaria, no tan lograda pero dotada de un sentido del humor netamente lynchano:
Releído “Uzumaki” de Junji Ito, me doy cuenta de que no solo es un grandísimo tebeo de terror, sino también una de esas obras que a través del delirio surrealista describen la realidad de manera más profunda que otros productos de vocación realista o incluso enmarcados en la no-ficción.
En “Uzumaki” somos testigos de como un pueblo costero japonés se ve poseído por la “maldición de las espirales”. Todo comienza con pequeños e inquietantes sucesos aislados que poco a poco van subiendo de escala hasta llegar a niveles apocalípticos de auténtica zozobra colectiva. Uno de los protagonistas se da cuenta de lo que sucede desde el principio, insta a sus allegados a escapar del pueblo y/o tomar la iniciativa para descubrir qué está pasando, pero nadie le hace caso. La escalada de terror e inverosimilitud asciende a lo demencial, pero la gente se adapta, se acostumbra a vivir a ese nivel de sinrazón sin cuestionarse nada, mirando para otro lado y esperando a lo que venga como ganado en el matadero.
Volvamos al “mundo real” y valoremos los hechos: Miles de personas poniéndose la soga al cuello por 30 o 40 años para pagarse un piso con un precio muy por encima de su valor real, inmobiliarias que no bajan precios porque se niegan a aceptar que la burbuja ha estallado… y la gente sin parar de hipotecarse, matriculaciones masivas en carreras con salida profesional cero (a sabiendas desde el momento de hacer la inscripción), millones de usuarios renunciando voluntariamente a la privacidad contando su vida en las redes sociales, medios de extrema derecha creciendo en audiencia mes a mes, partidos políticos “de izquierdas” aplicando severos recortes sociales y los progres a votarlos para “evitar males mayores”, las altas instancias del poder judicial politizadas a cara descubierta, “Más allá de la vida” arrasando en Telecinco…
No hay simplificación posible. Realmente todos somos culpables de la situación a la que hemos llegado. Unos por instaurar un entorno de sinrazón y otros por adaptarnos a dicho entorno sin cuestionarnos nada. Los movimientos de “indignación” de los últimos días dan lugar a la esperanza, pero una cosa está clara: Si seguimos eludiendo la responsabilidad personal, haciendo cosas porque “esto es así”, no habremos solucionado nada.