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Reseñas Express: The Call, Lesson of the Evil,Trance, Upstream Color, Man of Steel

jueves, 27 de junio de 2013

Rescato esta vieja sección del blog por la vía del reciclaje. Hace unos días me abrí una cuenta en Letterboxd e iré recopilando por aquí las reseñitas que vaya escribiendo en esta curiosa red social cinéfila. A continuación la primera tanda: 

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The Call (Brad Anderson, 2013)
Bajo un planteamiento de thriller comercial convencional, Brad Anderson vuelve a tratar el tema que mejores resultados le ha dado en su carrera: el currante y sus circunstancias. Entretenida… y pone con efectividad al espectador en la piel de una persona de profesión complicada, de las que dejan a uno quemado.

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Lesson of the Evil (Takashi Miike, 2012)
¿Conoces el concepto freudiano de superego? Takashi Miike te lo explica a través de las andanzas de un profesor de secundaria.

¿Thriller juvenil con serial killer o desahogo catárquico para adultos hasta los h***** de la juventú? Cada uno que saque sus propias conclusiones. En cualquier caso, brutal.

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Trance (Danny Boyle, 2013)

Danny Boyle en su peor versión: montaje videoclipero, música enfatizadora cada dos por tres, y sobre todo, un guión mierder digno de ser utilizado en una escuela de cine para explicar el "deus ex machina". Dinero tirado.
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Upstream Color (Shane Carruth, 2013)
Tan bonita en lo visual como insustancial en lo que pretende contar.

Cosas como esta son las que salen cuando la vacuedad se disfraza de cripticismo. Exagerada sofisticación formal para contar un relatito de serie B bastante simplón.

En todo caso, ideal para proyectar en loop y sin sonido sobre la pared de cualquier museo de arte moderno o café de clientela hipster.

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Man of Steel (Zack Snyder, 2013)
Película más interesante por el intenso y polarizado debate que ha generado que por otra cosa.

Mi veredicto: ni para amar ni para odiar. Simplemente un blockbuster que da lo que promete (hostias y catástrofe nivel Dragon Ball) y no da lo que de entrada no se puede esperar de él (un guión de altura).

Respecto a esa enteléquico concepto de "respeto al personaje", personaje tratado por decenas (o cientos) de autores a lo largo de sus 75 años de historia, solo puedo decir en defensa de este reboot que todo el mundo odió sin paliativos la versión de Bryan Singer de 2006. Ésta es TODO lo contrario a aquella. No estamos hablando de una peli de arte y ensayo, se trata de una superproducción pensada para sacar un rendimiento económico. No creo que Warner pudiese maniobrar de mejor forma para evitar la catástrofe: coger a los "cerebros" (entrecomíllenlo o no a su gusto) de sus mayores éxitos comiqueros recientes para sacar adelante un producto (sí, PRODUCTO) que no cayese en los errores del fiasco de Superman Returns.

Pues eso, ninguna maravilla inolvidable, pero por encima de la media en el universo de los blockbusters.

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Década 0, Cara B (VII): Session 9

miércoles, 3 de abril de 2013

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Se dice que el buen cine de género fantástico y de terror captura los miedos cotidianos y los hace pasar por el prisma de la ficción para presentarlos al espectador en una forma que invite al entretenimiento y/o la reflexión. Ciertos campos del temor humano han sido concienzudamente explorados por la vía fantástica, pero existe un escenario en el que pienso queda aún mucha leña por cortar: el entorno laboral.  Casi todos los seres humanos nos pasamos trabajando la mayor parte del día, nos guste o no lo que hacemos, y muchísima gente comparte más horas de su vida con los  (impuestos) compañeros de trabajo que con su propia familia y allegados. Semejante panorama puede convertirse en un verdadero martirio del que, paradójicamente, tememos ser arrancados. No hay miedo cotidiano más arraigado y realmente acechante en nuestros días que el de perder el empleo. Pese a todo, no muchos realizadores de género aprovechan el filón que ofrecen estos asuntos. Brad Anderson sí lo ha hecho.
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Tanto “Session 9” como la más mediática “El Maquinista” (con ese Christian Bale cadavérico) internan al currante en odiseas obsesivas filo-lynchanas. Obviamente, Anderson no es Lynch ni lo pretende; lo suyo es menos ambicioso, menos auteur y mucho más torpe, pero por lo menos con esos dos films pudo desviarse de los transitadísimos caminos por los que discurren realizadores de su mismo estatus, esos que tanto prestan su oficio para dirigir episodios sueltos de series de TV por aquí y por allá como para tomar las riendas de alguna que otra producción cinematográfica de género con vocación comercial y presupuesto moderado.

 

Recuerdo que fui a ver “Session 9” con una idea preconcebida totalmente errónea respecto a lo que me iba a encontrar. Un realizador desconocido desarrollando una historia apoyada en tres elementos base: un equipo de descontaminación, un gigantesco hospital psiquiátrico abandonado que hay que descontaminar y unas cintas de sesiones de un caso terrible todavía almacenadas en los archivos del edificio. Tufaba a convencional peli de casonas malditas, llena de sustitos y apariciones, si acaso con un toque  “Resplandor”; sin embargo Anderson fija su atención en los trabajadores, en su mecánica de grupo, en sus rencillas internas, en sus aspiraciones individuales y sobre todo en sus preocupaciones económicas: deben trabajar rápido y bajo presión, a costa de su salud y su seguridad para cumplir el plazo fijado y evitar que la empresa eche el cierre.

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El edificio enfermo es simplemente un catalizador que acelera los hechos, no el causante de los mismos. El componente sobrenatural no aparece por ningún lado, los sustos baratos tampoco, simplemente se va generando poco a poco una sensación descorazonadora y alienante de que todo va realmente mal y terminará en una inevitable catarsis.  “Session 9” cobra hoy una relevancia que no tenía cuando se estrenó en 2001.

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