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Top30 (III): Secret Wars

viernes, 11 de enero de 2008

Recuerdo bien un día que, teniendo yo seis o siete años, iba con mi madre por la calle y me topo con un cómic enterito (bueno, sin tapas) tirado en el suelo.

Llegué a casa más contento que un cuco. Pero la sorpresa total vino a la hora de leerlo. El tebeo no era de Spiderman, ni de los 4 Fantásticos, ni de la Patrulla-X , ¡Era de todos a la vez, y de otros tantos que no conocía!.

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La historia, simple pero (infantilmente) efectiva: Un extraño ser Todopoderoso (de hecho, ése era su nombre) reunía a los mayores heroes de la Tierra (Marvel) y a los más peligrosos supervillanos para que se enfrentaran a muerte en un planeta construido ad hoc con sus ilimitados poderes. Como incentivo, les informa que el equipo ganador vería concedidos todos sus deseos. ¿Que niño tebeófilo no se derretiría con semejante planteamiento argumental?

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En el primer número apenas daba tiempo a que el casting aterrizase en el planeta/campo de batalla. Por ello, reuní todas mis energías en hacerme con el resto de capítulos de la saga. A base de los (pocos) que tenía yo y los que me prestaban iba siguiendo más o menos la historia, que tenía su miga: Los héroes se pasaban el día preocupados por la existencia de una entidad tan poderosa. Por otra parte los villanos ya hacían las cuentas de la lechera para cuando ganaran la guerra, y Galactus, a lo suyo, pasando de todo y construyendo una máquina para consumir el planeta. Entre tanta tontería junta, había una mente preclara que apuntaba mucho más alto; el Dr. Muerte no se dejó llevar por lo jugoso del premio y concentró todos sus esfuerzos en algo mucho más apetecible: robar los poderes del Todopoderoso.

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Entre los grandes momentos de esta superaventura podría destacar 3: El cambio de uniforme de Spiderman por el famoso simbionte alienígena; el Dr. Muerte quitándose la careta y sobre todo …¡El escudo del Capitán América destrozado!. Las “Secret Wars” fueron al Universo Marvel lo que la Mecánica Cuántica a la Física: las viejas reglas se rompían y lo aparentemente imposible podía ocurrir.

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La conclusión de este drama teológico pop no se la voy a contar aquí (lean el tomo). Pero sí les voy a hablar de los oscuros objetivos detrás de su publicación: Resulta que Marvel y Mattel llegaron a un acuerdo para que la segunda sacara una linea de figuras de acción con los personajes de la primera. Para dar mayor entidad a este lanzamiento, se sacaron de la manga el tema de las guerras secretas. ¡Todo fue una artimaña publicitaria!. Y por supuesto, conmigo funcionó; poco a poco me hice con toda la colección de figuras, algún que otro vehículo, y la tremenda Doom Tower , la fortaleza de los malosos.

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La serie pegó fuerte, tanto que tuvo continuación en “Secret Wars II“. Allí se contaba la llegada del Todopoderoso a la Tierra. Además de la miniserie, toda colección Marvel tuvo su tie-in con el evento. En España la cosa se publicó al viejo estilo: todo junto en una serie de 50 episodios. Los más memorables: el de “Daredevil” dónde el Todopoderoso le devolvía la visión a Matt Murdock; el de los 4F, en el que Johnny Storm se plantea dejar de ser la Antorcha Humana porque un fanboy se había quemado a lo bonzo para imitarle; y sobre todo, el cruce con Spiderman, dónde nuestro demiurgo favorito convierte en oro todo el Empire State. En este último, me impactó especialmente la actitud noblegilipollas de Peter Parker: mientras realizaba labores de rescate dentro del edificio, saca de una papelera (de oro) un block de notas (de oro), piensa cogerlo pues, la tia May iba retrasada en la hipoteca, y el block, técnicamente era basura, … ¡ Y el muy tontuno lo deja dónde estaba!

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En fin… vista ahora, las serie fue una basurilla que sentó un pésimo precedente: los crossovers colectivos con multitud de tie-ins dan mucha pasta. Desde entonces cada año las grandes nos obsequian con al menos un producto de estas características, entorpeciendo el trabajo de buenos artistas que, llevando su serie como es debido, por imposición editorial tienen que meterla en el crossover con calzador.

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