My Winnipeg

El propio Guy Maddin no se corta un pelo a la hora de dar a conocer sus intenciones. En los primeros minutos de “My Winnipeg”, como director, protagonista y narrador declara que pretende crear un nuevo género cinematográfico… y vaya si lo consigue.

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Maddin fusiona su propia identidad con la ciudad en la que se crió, la gélida, oscura y aletargada Winnipeg, un lugar poco recomendable para vivir, un lugar del que desea escapar con todas sus fuerzas (ya sea física como simbólicamente), pero es incapaz de abandonar. En el film intenta dar solución a esta paradoja de pesadilla, correlacionando sus propios recuerdos de infancia con la historia de su ciudad. Para ello lleva a cabo  un ejercicio de onirismo desbocado  que  a veces da risa y otras infunde auténtico terror,  pero que consigue con creces lo que se propone: trasladar a nuestros cerebros su propio (e intimísimo) concepto de Winnipeg en un acto de pura telepatía (y empatía) cinematográfica.

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“My Winnipeg” se puede definir de muchas maneras: documental surrealista, making-of onírico, biopic arquitectónico… pero solo hay una manera de comprender su dimensión cinematográfica: viéndolo y experimentándolo por uno mismo. Les recomiendo que lo hagan.

Tráiler: