abril 2012
WebComics! (II)
"Moowiloo Woomiloo”, de Néstor F. y Molg H.
Entrecomics comienza su aventura editorial de la mejor manera posible, con una novela gráfica sobre el mundo de la novela gráfica y sus alrededores emocionales. “Moowiloo Woomiloo” ha sido publicada previamente en Internet, aprovechando el formato para desplegar perspicaces soluciones narrativas asociadas a la navegación web. Será interesante ver como se ha traducido eso a la edición en papel, que también incluye material inédito.
“Final Frontier”, de Tom Scioli
The Beatles meet Fantastic Four. Tras finalizar “American Barbarian” (a puntito de salir en papel), Tom Scioli vuelve a la carga con un supergrupo (en lo musical y en lo heroico) que la lía gorda montando su concierto de despedida en el techo la azotea de su cuartel general. Puro cosmic pop. Aún está arrancando, pero sus 12 páginas iniciales prometen.
“Calamity of Challenge”, de Matthew Allison
Matthew Allison dando rienda suelta a su universo líquido-psicodélico de monstruos y superhéroes. Merece la pena echar un vistazo al resto de su blog, sembrado de reinterpretaciones de portadas clásicas de Marvel y DC.
¡Delitos!®

“Inspirados, según los rumores de la agencia, por el encuentro epifánico de un director creativo de RSB con algo anunciado como Muerte Por Chocolate en una cafetería de Near North, los ¡Delitos! eran de chocolate en su totalidad, y no solo el pastel, sino también el relleno y el glaseado, y de hecho era todo chocolate de verdad o fondant en lugar del habitual cacao hidrogenado y el sirope de maíz alto en flúor, de forma que los ¡Delitos! no estaban concebidos realmente como una variante de rivales como los Zingers, los Ding Dongs, los HoHos y los Choco-Diles, sino como una revisión al alza y un replanteamiento de los mismos. Un cilindro rematado en cúpula de pastel esponjoso sin harina, con sabor a maltilol y recubierto por completo de una capa de 2,4 mm de baño de chocolate alto en lecitina manufacturado con pequeñas cantidades de mantequilla, mantequilla de cacao, chocolate de pastelero, licor de chocolate, extracto de vainilla, dextrosa y sorbitol (un baño relativamente caro, y cuyas redundancias en materia de mantequillas requerían por sí solas innovaciones heroicas en los sistemas de producción e ingeniería: se habían visto obligados a montar otra línea de producción con máquinas nuevas, a impartir formación nueva a los trabajadores de la misma ya volver a calcular las cuotas de producción y de garantía de calidad más o menos a partir de cero), un baño de alto nivel que luego se inyectaba también mediante aguja de pastelería a alta presión en el interior de la elipse hueca de 26 x 13 mm que había en el centro de cada ¡Delito!(un centro que por ejemplo en los productos de Hostess Inc. estaba relleno de nada más que manteca de cerdo batida y azucarada), lo cual resultaba en una dosis doble de un glaseado ultrarrico y casi del nivel del glaseado de restaurante, cuya bolsa central -dado que la exposición al aire de la fina capa de baño exterior le confería aquella naturaleza tradicional de mazapán duro pero delicuescente de los glaseados- parecía todavía más rica, densa, dulce y delictiva que el glaseado exterior, un glaseado que en la mayoría de los PRI y SIRG de los test de campo de las empresas rivales era declarado la parte preferida por los consumidores.”
Lo de arriba es un fragmento del relato “Señor Blandito” de David Foster Wallace, incluido en el recopilatorio “Extinción”. Sólo puedo calificar de impresionante la habilidad narrativa de Wallace para extraer de un contexto tan anodino como un test de prueba de pastelitos semejante trastienda de paranoia, espionaje corporativo, tecnología de los alimentos, ingeniería social y manipulación a través del lenguaje. Este hombre COMPRENDÍA.
… Y lo peor de todo, es que me quedaron unas ganas tremendas de “delinquir”. Me conformaré con un Tigretón.
Dispel Dances

El año pasado, aproximadamente por estas fechas descubrí la existencia del L.E.V., no me animé a ir y a posteriori me cagué en todo. Esta vez, salvo motivos de fuerza mayor, no pasará lo mismo. Aunque sea solo por Mika Vainio, Olaf Bender y la instalación de Ryoji Ikeda ya merece la pena el viajecito a Gijón, pero si algo caracteriza el festival es el buen olfato de sus responsables a la hora de traer nuevos valores aún poco conocidos pero sobrados de talento. Indagando en el cartel de este año he descubierto bastante “buena mierda”, aunque el hallazgo estrella creo que ha sido Anstam y su LP “Dispel Dances”, editado en 2011 por el sello alemán 50 Weapons, gestionado por Modeselektor.
Como tantos productores surgidos en los últimos tiempos, Anstam no se somete a ningún género “clásico” puro. En sus tracks hay trazas de ambient, IDM, tecno, dubstep… un poco de todo lo que ha petado en las últimas dos décadas. Lo que hace especial su música, al menos para mi gusto, es el grado de equilibrio que consigue en la mezcla. En cada tema pone la dosis justa de ingredientes para que la cosa no solo no se haga cargante, sino que incluso resulte amena. “Dispel Dances” es a todas luces (perdón de antemano por el término) “música avanzada” de esa que dicen los del Sónar, pero pienso que no hace falta ser “usuario avanzado” para disfrutarla. Un disco que, pese a su naturaleza experimental, se puede escuchar de cabo a rabo sin tentaciones de saltarse pistas.
Si a esta peculiar naturaleza accesible-arriesgada le sumamos la excelencia técnica esa que se gastan los alemanes, nos queda un disco realmente memorable, de los que el tiempo encumbrará debidamente.
Cierro la reseña con un mix que el productor germano entrego a FACT Magazine el pasado mayo y que puede dar una idea de lo que podremos presenciar en Gijón:
A punto de explotar

No sé si es cosa mía, pero me da la impresión de que el número de “situaciones volátiles” a las que estamos expuestos en nuestro día a día crece a una velocidad de vértigo. Entre lo quemado que anda el personal, la cabezonería de los que no aceptan el mundo moderno, la inmadurez de una generación treintañera de niños grandes, y la gilipollez típica de la adolescencia, el “mundo civilizado” parece una olla a presión que va reventar en cualquier momento.

Semejante panorama es retratado de manera excelente en “De Ofrivilliga” (título internacional: “Involuntary”) del realizador sueco Ruben Östlund. El film se compone de cinco historias totalmente independientes segmentadas en planos-secuencia que se intercalan a lo largo del metraje, muy en el estilo de “Código Desconocido” de Haneke, aunque con un tono más distendido y jocoso que al que nos tiene acostumbrados el director austríaco. Las situaciones: un señor mayor que se niega a ir al hospital tras sufrir un accidente en su fiesta de cumpleaños, un busero con depresión de caballo por ruptura sentimental que se reincorpora al trabajo antes de tiempo para “airear la cabeza”, unas chonis adolescentes preparándose para “darlo todo” en la noche del sábado, amigos treintañeros en un fin de semana de casa rural con puyitas gays subiendo en escala según pasan las horas y una profesora true believer del sistema educativo moderno que se enfrenta a sus compañeros por una situación que ella considera de abuso hacia un alumno crápula. Peligro en el ambiente…




Toda la película gira realmente alrededor del “dejarse llevar”, ya sea por la situación que invita a ir “un poco más allá” o por el temperamento del individuo, que llegado un punto hace derivar el modo propio de ver las cosas hacia la sinrazón y el choque de egos. Pasa todos los días, y en la peli queda perfectamente reflejado con situaciones muy cotidianas, que sin recurrir a lo extremo ponen de manifiesto el nivel de ebullición de la psique colectiva.
P.D.: Crisis, acaba de una vez, que se nos agota también el crédito de sentido común.
Subproducto Deluxe

Para los que no estén al tanto de la actualidad friki, “Flashpoint” es el último megaevento mierder de DC Comics para resetear (por enésima vez) su universo superheroico generando así un nuevo status quo (argumental y editorial) todavía más mierder. En esta ocasión, la excusa es una alteración (para mal) en el espacio-tiempo “deceero” que Flash debe reparar. Como de costumbre, la serie principal viene acompañada de multitud de spin-offs totalmente innecesarios pensados para sacar los cuartos a los fans completistas. Sin embargo, en esta ocasión podemos encontrar una perla en medio de tanta morralla. Se trata de la miniserie “Batman: Knight of Vengeance” realizada por un equipo creativo que nadie esperaría ver envuelto en un (sub)producto de esta índole: Brian Azzarello y Eduardo Risso.

Los artífices de “100 Balas” ya dejaron huella en la mitología de Batman con “Ciudad Rota”, una devastadora coda para el archiconocido origen del Hombre Murciélago. Ésta vez, aprovechando el universo alternativo de “Flashpoint”, juegan de nuevo con el concepto del origen, replanteándolo con una interesante variación: es Bruce Wayne el asesinado en el atraco y es Thomas, su padre, el que se convierte en Batman para vengar su muerte.

Otro Batman, otros métodos. Thomas Wayne toma una táctica de pesadilla capitalista para luchar contra el crimen: sirviéndose de su fortuna convierte a Gotham City en una segunda Las Vegas para atraer el crimen a la ciudad y después dar buena cuenta de los criminales, ya sea a través de su alter ego (sin miramientos a la hora de matar) o mediante el poco constitucional Departamento de Policía de Gotham, privatizado y bajo control de la Corporación Wayne.

En ese marco contextual, Azzarello y Risso desarrollan una macabra historia que roza el delirio granguiñolesco, digna de ser trasladada a cine por algún realizador adscrito a la nueva ola del terror galo. Los autores recolocan a los personajes clásicos de la franquicia en nuevos e inesperados roles, y aprovechan eso de trabajar fuera de la continuidad oficial para cargarse a quien haga falta. Una auténtica gamberrada pasada de rosca, pero a la vez con bastante chicha, cuya existencia ha sido posible gracias a su condición de subproducto intranscendente, fuera del canon. Resulta sospechoso que, precisamente, lo mejorcito que ha dado DC en los últimos años hayan sido un puñado de historias “imaginarias” fuera de la continuidad oficial de sus personajes. Algo les falla, y me parece que con eso de los New 52 no lo están solucionando.

Äkta Människor

No soy ningún experto en Suecia, pero por cultura general (y pop) sé que se trata de uno de los países más avanzados del mundo en cuanto a desarrollo del tan inalcanzable en estos tiempos “estado de bienestar”. Son conscientes, y posiblemente por ello, en la sociedad sueca existe cierto grado de hipersensibilidad hacia todo aquello que pueda amenazar su modo de vida y su garantista estado de derecho. Ahí tenemos, por poner dos ejemplos fáciles, el éxito de la trilogía Millennium, sacando a flote el lado oscuro corrupto-misógino del país o el exceso de celo puesto en el caso Assange, al que la opinión pública sueca ha condenado de antemano, seguramente valorando más el crimen del que se le acusa (acoso y violación menor) que las circunstancias e intereses que rodean al caso.
Ante semejante panorama, la serie “Äkta Människor” (internacionalmente “Real Humans”) presenta un altísimo interés sociológico-bizarro, pues en ella se trata el (todavía ficticio) “problema robótico” desde el punto de vista sueco, además orientado hacia una audiencia autóctona masiva, pues fue emitida en prime time por el primer canal de la SVT, la equivalente sueca a la BBC o a nuestra RTVE . En ella nos es mostrado un presente alternativo en el que los robots de apariencia humana comercialmente conocidos como Hubots triunfan como producto de uso doméstico e industrial. Pero este estado de bienestar sustentado por robots peligra por dos frentes: hubots que han obtenido (ilegalmente) el don del libre albedrío y extremistas humanos que ven a los hubots como el principio del fin de la humanidad.


Hasta aquí todo suena tópico, pero tan solo visionando el primer capítulo de la serie se puede apreciar su peculiar enfoque. En ella se mezclan lo naif, lo cómico y lo siniestro en originales formas. Como si de una serie española se tratase, hay una línea argumental y unos personajes pensados para cada segmento de público: El anciano con problemas con su estricta hubot geriátrica, la madre trabajadora que tiene que dejar en manos de su asistenta robot el cuidado de su hija pequeña, el hijo adolescente rondando por allí con las hormonas revolucionadas y tremendas tentaciones hacia una hermosa muñeca que no se va a quejar si quiere hacer uso ilícito de ella, un currante que ve su vida venirse abajo por la incursión de los hubots en su entorno familiar y laboral, su mujer insatisfecha tirado de entrenador personal sintético para saciar sus apetitos sexuales… Pero a diferencia de lo que pasa en las series patrias multitarget , en ésta las tramas no toman por tonto al espectador, están llenas de dilemas y ambigüedad, de forma que no posicionan a los personajes como buenos y malos sino como gente con sus circunstancias. Además, dichas líneas argumentales se entrecruzan formando un todo coherente que da una buena visión de conjunto del tema tratado.



A destacar también el acabado estético de la serie, con una puesta en escena en colores pastel y un excelente (y malrrollero) trabajo de maquillaje que nos hace dudar si los hubots están interpretados por actores (gran trabajo el suyo también) o fueron creados con lo último en efectos visuales animatrónicos. Ese ambiente kisch contrasta con la profundidad de la serie en lo psicológico y lo sociológico. Realmente, los hubots son una herramienta narrativa para evidenciar nuestras necesidades y carencias. Las conclusiones son claras: Demandamos una atención continua que no tenemos. Más que amigos o pareja, queremos seres vivos “cosificados” que no nos lleven la contraria y nos den el parabién en todo. Ahí están los dueños de mascotas y los viejos verdes “capturados” por jovencitas con segundos intereses para demostrarlo.



Comentarios recientes