“Los Soprano”: Claves (y II)

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El gran David Cronenberg dice que “En la especificidad se encuentra la universalidad”. Es decir, si observamos con detenimiento culturas o modos de vida muy distintos a los nuestros, mas allá de la superficie encontraremos fundamentales puntos en común con nuestra forma de actuar. En “Los Soprano” nos adentramos en el mundo de la mafia, lleno de excesos sociópatas, pero en el fondo un reflejo exagerado del dia a dia. Esto es lo que hay:

Ambición
La pasta nunca es suficiente. Los personajes, siempre rodeados de lujo están constantemente quejándose de sus escuetos beneficios y su posición en la organización. Todos están dispuestos a sacrificar su estabilidad y arriesgar sus vidas con tal de subir peldaños. La envidia se presenta en forma de miradas furtivas a relojes, joyas o coches ajenos. Abundan las rencillas por puestos de “capo” vacantes.

El aura de poder de Tony Soprano se impone sobre sus kilos de más y su calvicie a la hora de encontrar ligues.Y si alguna fémina no cae a sus pies, su cabreo es mayúsculo: no puede comprender que alguien pueda resistirse a una forma de vida que, realmente lo tiene esclavizado a él. Las esposas de los gansters no se salvan. Cierran los ojos y callan ante la promiscuidad de sus maridos, con tal mantener un alto nivel de vida.

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Tiranteces

El equilibrio en la “Familia” es delicado. Comentarios, bromas, leves aversiones entre compañeros y conflictos económicos acaban explotando en la cara de los implicados. Las enemistades se gestan poco a poco, siempre en la sombra. Las apariencias son fundamentales para el negocio, abundan los abrazos y besos de Judas. Aguantar la presión desencadena brotes violentos sobre terceras personas, que acaban en la UCI sin saber que han hecho para merecerlo. La salud tambíen se ve resentida: infartos, asma, dolencias estomacales y ataques de ansiedad proliferan entre los protagonistas. Todo el malestar producido por guardar las formas es desperdiciado cuando la gota colma el vaso, todo se va a la mierda y corre la sangre.

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Mentiras y Autoengaño
“Los Soprano” es puro Sartre. Los personajes tienen una visión de si mismos muy lejana a su forma de actuar. Tony cree ser un cabeza de familia que lucha por poner “comida en el plato”. Oculta de tal manera sus actividades a su mujer e hijos, que cuando está en casa da la impresión que él mismo se olvida de las extorsiones, asesinatos y recreaciones sexuales que practica cotidianamente. De hecho, si alguien le echa en cara la verdad, su respuesta es extremadamente violenta y con unas negaciones tan convincentes que parece estar creyéndoselas. Recrimina constantemente a su psiquiatra que la terapia no le está ayudando, normal, si solo le cuenta la punta del iceberg.

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Las mujeres lloran muertes de familiares y amigos sin saber que fueron perpetradas por sus maridos. Ellas, más que no saber, no quieren saber, no soportan que sus vidas de lujo se basen en tales atrocidades.

Los padres tratan de apartar a sus hijos del entorno violento que les rodea. Justifican que hacen lo que pueden por ellos enviándolos a colegios caros y universidades de élite. Los chicos se dan cuenta que alcanzar el nivel económico al que están acostumbrados requiere demasiado esfuerzo por la vía legal, mejor seguir el ejemplo de sus viejos.

Los “civiles” no se salvan de la quema. Miran a los miembros de la “Familia” por encima del hombro, sintiendose superiores. Ese desprecio no es suficiente para dejar de chupar del bote: curas y rectores universitarios ofrecen (falso) respeto a cambio de donaciones “desinteresadas”. La comunidad italoamericana de New Jersey puede ser machista racista y homófoba, pero al menos no se autoengañan en ese aspecto. La correción política burguesa oculta mucha más mierda y podredumbre de la que los “incivilizados italianinis” enseñan.

Hasta aquí mi pequeño análisis de esta gran serie. Experimentenla ustedes y comprueben si estamos de acuerdo.

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Un comentario a ““Los Soprano”: Claves (y II)”

  1. Miguel dice:

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