Síntomas del Apocalipsis (II): «Pensadores» de derechas

Hace unos días, haciendo zapping, me encuentro con el programa de debate «360 Grados«, en Antena 3. El tema a discutir era la reincidencia de los ex-convictos procesados por delitos sexuales. En aquel momento hablaba un psiquiatra explicando que, según un estudio, los niveles de reincidencia en estos casos disminuían considerablemente cuando el delincuente se sometía a terapia voluntaria, pidiendo más ayudas al Estado para dar asistencia a todo preso que la solicite. La reacción del «filósofo» Gustavo Bueno (no confundir con el octogenario) me dejó con la boca abierta, literalmente. Como el programa fue colgado en la red por la cadena, les dejo aquí el devastador fragmento:

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8 comentarios a “Síntomas del Apocalipsis (II): «Pensadores» de derechas”

  1. Miguel dice:

    Todo un ejercicio de libertad de expresión…

  2. gloria dice:

    cada cual tiene derecho a decir lo que quiera…

    Lo que dice este hombre puede parecer un poco duro, pero imaginaos que su mujer o su hija han sido víctimas de una violación, pensando eso tal vez entendamos mejor lo que dice…
    El violador debe de ser consciente de lo que ha hecho, y como el peligro para la sociedad que es, no debe nunca volver a ella. Tenemos un sistema de justicia de mierda.

  3. Alejandro dice:

    Afortunadamente vivimos en una sociedad en que la vida es un valor preeminente, no porque seamos santos y beatos, sino porque sabemos, al menos implícitamente, que si se permitiera inducir al suicidio aun al más terrible delincuente, nada impediría que con ello cayeran otros valores que están aunados a la pervivencia, y ante ese suceso el edificio social completo perdería su sustento, y sin orden social el caos seria indecible y el aniquilamiento imparable. A pesar de que nuestros valores actuales son corruptibles, frágiles y de que somos una raza mezquina, quizás por eso, ellos mantienen a flote este contrato social que nos induce a mantenernos vivos no sólo como individuos sino como especie.

  4. David David dice:

    Gloria, en efecto, si la victima es algún ser querido, la reacción de casi cualquiera de nosotros sería cojer al violador y arrancarle los coj… Pero hay que distinguir entre individuo y Estado. Porque si las leyes se hacen para responder a los deseos vengadores de las victimas «en caliente», el escenario resultante sería el que nos expone Alejandro, perdiendo los escasos avances que hemos conseguido en los milenios que llevamos sobre la Tierra.

    La derecha suele utilizar este elemento emotivo/agresivo/vengativo que todos llevamos dentro para «encender» a las masas, obteniendo apoyo popular par legislar a voluntad, y así tenernos a todos bajo control con esas leyes. Mira por ejemplo el caso de EEUU tras el 11-S. Con ese recorte brutal de derechos civiles, los terroristas no han podido tener más éxito.

  5. Perse dice:

    A mi estas cosas se me escapan. Qué suerte no ser política, ni juez, ni cosa por el estilo.

  6. David David dice:

    Eso por supuesto. Una cosa que me da escalofríos es la siguiente: En EEUU, si te llaman para formar parte de un jurado y realmente no quieres ir, hay maneras de evitarlo. Eso implica que los jurados que se presentan QUIEREN juzgar. El hecho de que el destino de una persona dependa de gente sin preparación deseosa por juzgar es de lo más terrorífico.

  7. Miguel dice:

    Jurados de derechas, que miedo.

  8. Antonio dice:

    Creo que un debate desde las visceras es mucho mas complejo, pero como contestó el psicólogo (a lo que yo considero un exabrupto), afortunadamente, y lo de “afortunadamente” lo digo con la boca muy llena, la ley del Talión en este país no funciona, como no funciona la pena de muerte, aunque entiendo que muchos estén dispuestos a matar en determinados momentos (es lógico). Pero la ley no se puede hacer con las vísceras encima de la mesa. Si, es cierto, la ley es fría, pero creo que debe serlo.

    El objeto del programa de intervención psicológica es que el violador no vuelva a violar. El objeto no justificar el comportamiento del violador (mediante un diagnostico que lo supone incapaz de controlar sus impulsos), pero desde luego el objeto tampoco es que el violador termine suicidándose carcomido por la culpa, por que esto sería una suerte de pena de muerte y en España en ese sentido se procuran respetar los derechos humanos hasta con quien no lo parece (afortunadamente).

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