Shaolin Cowboy

 Shaolin Cowboy

Geof Darrow es artista extremadamente peculiar dentro del mundo del cómic. Sus obras se cuentan con los dedos de una mano (y sobran), y en ellas la parte literaria (casi siempre en manos de Frank Miller), tiene un peso mínimo, oscilando entre lo paródico y lo meramente testimonial. Pese a todo, el autor es uno de los más valorados del mundillo tanto por lectores como por sus propios compañeros de profesión. Las razones están claras: su sensacional sentido de la narración gráfica, y sobre todo, el enfermizo detallismo que pone en cada una de sus viñetas.

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Seamos realistas, por mucho Alan Moore, Cothias o Christin que tengamos, el tebeo es en esencia un medio visual, todo aquel que quiera dejar huella en la historia del 9º Arte  ha de tenerlo muy claro, y Darrow lleva esa máxima en los genes. Hablamos de un artista totalmente incompatible con los formatos de edición habituales; para que sus planchas luzcan en todo su esplendor deberían ser impresas a como mínimo tres veces el tamaño comic-book. En ellas se acumula una cantidad desorbitante de personajes y objetos colocados en magistrales composiciones, herederas a partes iguales de Stanley Kubrick, Robert Crumb o Moebius.

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"Shaolin Cowboy" supone su estreno como autor completo, con el mecenazgo de los hermanos Wachowsky, bajo el sello editorial Burlyman Entertainment, propiedad de éstos. Darrow se mueve en el círculo creativo de los controvertidos cineastas desde que diseñara para ellos buena parte del Universo Matrix. El artista  dejó una imborrable huella personal en la célebre trilogía (y por extensión en la cultura pop), pero también se nota que este nuevo trabajo suyo en cómic se ha visto influido por los hallazgos narrativos de sus jefes. Las orgías destructivas a las que nos tiene acostumbrados se ven ahora enriquecidas por un protagonista versado en la práctica de artes marciales. Darrow adapta el mítico "bullet time" a las páginas del tebeo, capturando los momentos más intensos y cinéticos de la acción: estelas de sangre tras la hoja de la katana, balas recién salidas de los cráneos, saltos wire-fu en el momento de máxima tensión…

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Olvídense del argumento, simplemente no lo hay. En este primer volumen  se encontrarán con un ex-monje shaolín de aspecto amigable y pasado conflictivo, viajando por el desierto a lomos de su burro parlanchín y encontrándose a cada poco con todo tipo de fauna (humana o no) que por una razón u otra, quieren verlo muerto. Aquí lo que interesa son los paisajes, las coreografías, los diseños de personajes… El autor se permite salidas de tarro gráficas como un combate de ju-jitsu entre un hombre y un cangrejo, una ciudad a lomos de un dinosario o ¡una splash page décupla!. Todo un festín para la vista.

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El recién salido tomo de Panini recopila los seis primeros comic-books americanos. Por allá el último número aparecido es el 7, y vista la (justificada) lentitud de Darrow, no tendremos volumen 2 hasta, por lo menos, 2010. Seguro que la espera valdrá la pena.

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