Quizá la más importante aportación/redescubrimiento de Chris Ware respecto al lenguaje del cómic fuese el aprovechamiento de “lo esquemático” para suministrar de golpe elevadas dosis de información al lector con una tremenda claridad expositiva, dando sentido al famoso dicho “una imagen vale más que mil palabras”. Se trata de un recurso exclusivo del tebeo, pues se sustenta en la imagen fija, y en la posibilidad del que mira en detenerse en ella el tiempo que considere necesario. Solo así es posible crear narraciones de densidad “jamesjoyceana” en (preciosos) cuadernillos de tan solo unas decenas de páginas, como el aclamado autor viene haciendo últimamente en sus “Acme Novelty Library”.
Dash Shaw es uno de los más brillantes autores de la generación post-Ware, y de los pocos que ha utilizado las enseñanzas del maestro para crear un estilo y discurso personales alejados de la sombra del “gigante”. Un buen ejemplo de ello es su última novela gráfica, la alucinada y alucinante “BodyWorld”
Publicada originalmente en la web (puede leerse aquí), llama la atención que esas tiras de jpgs, que se devoraban casi a velocidad de rueda de scroll, puestas en papel formen un volumen de más de 300 páginas. Una nueva demostración de la increíble capacidad de trabajo de Shaw, cuyo ritmo de producción encaja más en el ámbito del manga “industrial” que en el de la novela gráfica. Por supuesto, no esperen en sus páginas la exquisitez y la atención al detalle de un Crumb, un Burns o ya no digamos un Ware. Shaw no es la rehostia en ese sentido, pero lo que hace funciona de maravilla para lo que quiere contar, que es lo que de verdad interesa.
De entrada, Shaw nos pone en contexto a través de un sencillo mapa dibujado sobre papel cuadriculado. Este mapa representa Boney Borough, un pequeño pueblo-prototipo de la nueva sociedad del bienestar post-guerra en los EEUU… no me pregunten qué guerra porque la acción se sitúa en el año 2060. Cada vez que la narración salta en el espacio, queda claramente indicado en la primera viñeta de la nueva escena, que muestra las coordenadas de la nueva localización. Puede parecer una tontería, pero este recurso produce en el lector una sensación de “visión de conjunto” tal que, poco a poco percibimos al pueblo como un superorganismo que funciona en base a los movimientos de multitud de entidades autónomas pero interconectadas… un bodyworld.
Este “superorganismo” recibe un inesperado agente externo, el profesor de botánica Paulie Panther, neoyorkino atraído por los rumores surgidos en Internet acerca de una misteriosa especie de planta avistada en los bosques del lugar. Los intereses de Panther van más allá de lo puramente académico, más que nada quiere experimentar en carne propia los efectos de la planta. Panther trastoca la normalidad local, por una parte ejerciendo de camello y flirteando con jovencitas en las inmediaciones de la high school del pueblo; por otra, poniendo involuntariamente en marcha una reacción en cadena psico-químico-socio-catárquica de impredecibles resultados.
Para transmitir la idea de futuro cercano, Shaw pasa de la estética hi-tech y se centra en dar una visión estrafalaria del presente: los móviles y los ordenadores son externamente iguales a los que tenemos a principios de siglo, pero hacen más cosas; la gente utiliza ropa común, pero conjuntada en desquiciadas configuraciones, que unida a los excéntricos peinados que se gastan, nos dan una nítida imagen exterior de sus mundos interiores… como pasa ahora, pero magnificado.
Para dibujar las secuencias narrativas “under the influence”, el autor tampoco cae en tópicos y lugares comunes, sino que recurre a elementos propios de ciertos movimientos de arte moderno muy poco explotados fuera del ámbito de la pintura. Si Ware se sirve del diseño gráfico y el uso de diagramas para superponer varias capas de información en sus planchas, Shaw lo hace a través de técnicas cubistas, expresionistas, futuristas, etc…
“BodyWorld” constituye una imposible mezcla de opereta de instituto, arte moderno, ciencia ficción dickiana y “rollo Twin Peaks”, capaz de generar extrañeza en todas esas vertientes, con un discurso cómico a la vez que desolador sobre la eterna lucha entre el yo-individuo y el yo-parte-de-la-masa. Otro gran logro de Shaw, que si sigue trabajando a este ritmo con la misma calidad, se convertirá muy rápido en una leyenda viva del tebeo.
Hacía tiempo que tenía ganas de hacerme con este cómic, porque el Ombligo sin fondo me gustó mucho. Qué alegría cuando me enteré de que lo van a sacar el mes que viene por aquí, para no tener que romperme los cuernos con mi inglés (me estoy leyendo el Lint de Ware, y aunque lo estoy disfrutando como un enano, sigo prefiriendo los comics traducidos al cristiano).
La verdad es que Shaw es un autor que de entrada no me atraía estéticamente, pero fue ponerme a leer «Ombligo Sin Fondo» y la cosa cambió por completo, porque a nivel narrativo es un artista excepcional, y en breve comencé a adquirir gusto por su «feismo alucinógeno».
También me agencie el «Lint» de Ware hace unas semanas. Simplemente brutal. Estaba muy engañado con este autor: Mucho hablar de Jimmy Corrigan, pero lo que está haciendo en los últimos años (Los Acmes a partir del 16) deja su obra anterior mal parada. Impresionante… Pena que no se puedan conseguir fácilmente los números atrasados (menos «Lint», tuve que leerlos «en digital»), porque mismamente como objetos ya son verdaderas obras de arte.
cuando adquirí Jimmy corrigan no pude aguantarlo, pasarme tanto tiempo en una sola viñeta, y a veces no sabía cual era la siguiente. Entiendo que ésto significa ya algo, que me fuerza a leer comic de otra manera, pero la forma de narrar sencillamente no es para mí
Ya conté en otros posts que yo tampoco aguanté Jimmy Corrigan… pero los trabajos posteriores de Ware son otra cosa. Míratelos porque merecen mucho la pena. Y auque ahora los entendidos estén callados, no se tardará en hablar claro del «Corrigan» como material «explorativo», desfasado en comparación con lo que vendría despues.