Archivo de la categoría ‘Libros’

M’Uad Dib

Lunes, 16 de agosto de 2010

Impresionante micro-incursión de Paul Pope en el universo Dune (click sobre la imagen para ampliar):

M'Uad Div by Paul Pope

El texto original de Frank Herbert:
“It is said of Muad’dib that once when he saw a weed trying to grow between two rocks, he moved one of the rocks. Later, when the weed was seen to be flourishing, he covered it with the remaining rock. ‘That was its fate,’ he explained.”

Top30 (XXII): La Caída

Viernes, 23 de julio de 2010

No sé ustedes, pero en lo que a mí respecta, una vez introducido en el mundo laboral me di cuenta que ciertas “prácticas intelectuales” solo son posibles disponiendo de ingentes cantidades de tiempo libre… o sea, haciendo vida de estudiante.

La Caída

En ese saco metería sin duda mi obsesión por el Existencialismo ocurrida a principios de los dosmiles.  Leí un buen montón de novelas, obras de teatro y ensayos pertenecientes a esta corriente filosófica. Ahora, visto con perspectiva, puedo decir que todo lo que realmente me interesa del tema está contenido en una novela: “La Caída” de Albert Camus.

Se dice que Camus fue un excelente novelista, pero un filósofo bastante limitado. Soy de los que pienso que sí era un buen filósofo, pero que expresaba mejor sus ideas sobre una novela que en forma de ensayo, cosa que  los puristas de “lo teórico”  miran con cierto desdén. Las ficciones son más adecuadas para plantear interrogantes sin respuesta clara, o con respuesta ambigua, y en esos terrenos Camus se mueve como pez en el agua. Precisamente en “La Caída” desarrolla, entre otros, un tema clave del pensamiento existencialista: el juicio de “el otro” sobre uno mismo. Este asunto se asocia habitualmente a su colega Jean Paul Sartre, pero en lo que a mi respecta saqué más en limpio de esta novelita que de los tostones sartreanos.

La cosa va de un abogado bienhechor, enchido de satisfacción por su propia bondad y el respeto y admiración que inspira en sus amigos y conocidos. Una fría noche paseando al borde del Sena, le parece escuchar un grito proveniente de un puente. No ve a nadie, pero sospecha que alguien podría haber caído al agua. Para evitar el dilema moral de acudir o no al rescate, que implicaría un gélido y peligroso chapuzón, se hace el tonto y sigue andando sin comprobar nada. En los días posteriores, el (secreto) suceso comienza a obsesionarle cambiando su percepción de la realidad: a lo mejor no era tan querido, ni tan bueno, ni tan poco egoísta, y a lo mejor sus amigos no eran tan amigos… Infierno psicológico montado, con reflexiones tan ambiguas que el lector ha de sacar sus propias conclusiones acerca de la situación.

Respecto al dilema inicial del rescate, yo tengo una respuesta clara, y es la misma que da el personaje de  Woody Allen en “Manhattan”:

Get the Flash Player to see the wordTube Media Player.

Actualización/Corrección: Tras echarle una ojeada a la novela caigo en la cuenta de que el suceso del puente difiere un poco a como yo lo cuento, el narrador/protagonista no oye un grito sino “una risa que se alejaba” y que “solo podía venir de abajo”… osease, que el teórico accidentado podría ser un suicida. En fin, hace casi una década (ya?!) que leí el libro y mi memoria no es perfecta.

Anteriormente en Top30:

Intro (qué es Top30)
Ulises 31
Los 4 Fantásticos
Secret Wars
Transformers
Batman y los Outsiders
Batmanía
Dragon Ball
Darkseed
Parque Jurásico
John Byrne’s Next Men
Trilogía Nikopol
La fOntana y la sOnda
12 Monos
Pulp Fiction
Wipeout
Brut Comix
La Casta de los Metabarones
Ænima
Carretera Perdida
The Invisibles
Cosecha Cinematográfica del 99

Hervir un Oso

Miércoles, 14 de julio de 2010

El uso indiscriminado del prefijo “post” en el ámbito del etiquetado (sub)cultural es un asunto que me pone muy muy de los nervios. Entiendo perfectamente cuando me hablan de  la España de postguerra, la depresión post-parto, los X-Men post-Claremont…  Sin embarto tengo serios problemas con cosas como el   post-rock, el post-pop, la post-poesía, o la post-tag más de moda en los últimos tiempos: el post-humor.

¿Qué se supone que significa esto último?¿Una nueva era del no-humor?¿Chistes sin gracia? Lo único que sé es que la categoría es aplicada, muchas veces de forma despectiva, a gente como Wes Anderson, Sacha Baron Coen, Nacho Vigalondo o Joaquín Reyes. Gentes con visiones más o menos diferentes en esto del hacer reír, pero que si algo tienen en común es su capacidad de abrir nuevos caminos, centrándose más en lo que a ellos les hace gracia y menos en como complacer a la mayor masa social posible,   demostrando que incluso los Monthy Python pueden quedar desfasados. No hacen post-humor, hacen HUMOR con mayúsculas cuyo único pecado es parecerse poco a cualquier cosa que haya existido antes.

hervir un oso 

Esto viene a cuento porque acabo de añadir dos nuevos nombres a mi panteón de este tipo de humoristas fieles a si mismos pese a quien pese: Jonathan Millán y Miguel Noguera. Su más reciente obra: “Hervir un Oso”. Sus características:

  1. Parece un tebeo pero no es exactamente un tebeo (¿post-comic?)
  2. Es humor gráfico, pero en muchos casos el texto predomina sobre la ilustración (¿post-viñeta de prensa?¿post-libro?).
  3. Millán y Noguera tiran de lo referencial, pero a su manera, elaborando descabellados mashups: Los Alcántara y las matemáticas de bachillerato, Locke y la ópera, CSI y el queso. (¿post-posmoderno?)
  4. Si Baudrillard acuñó el termino hiperrealidad como una realidad fabricada más real que la realidad misma, lo que hacen estos señores podría definirse como hiperlógica: el hecho de que un fantasma se golpee la cabeza contra una viga supone un fenómeno paranormal dentro de un fenómeno paranormal; si el helio agudiza la voz, basta insuflárselo a un bebé chillón para que su berrinche desaparezca, convertido en ultrasonido; y no les cuento como la matemática pura dice que Antonio Alcántara llegaría a alcanzar la velocidad de la luz en “Cuéntame”, si esta serie siguiese emitiéndose unos años más… (¿post-empirismo?)
  5. Más allá de si cada uno de los 50 capítulos hacen gracia o no, en conjunto, la lectura del (no)tebeo genera la sensación de llevar implícito un subtexto arcano y revelador que se nos escapa. No sé que pasa en muchas de esas páginas, pero desprenden algún tipo de verdad que quizá descifremos dentro de unos miles de años  (¿post-conciencia?).

Si se hacen con el tomo, les auguro unas buenas dosis de satisfacción post-lectura.

Los hombres que no amaban a las mujeres

Martes, 21 de julio de 2009

loshombresquenoamabanalasmujeres

Tras más de una década desde que abandoné la lectura de best sellers literarios, vuelvo a la carga con el libro-acontecimiento de la temporada: “Los hombres que no amaban a las mujeres”, primera parte de la archiconocina Trilogía Millennium, obra de difunto periodista sueco Stieg Larsson.

La novela sigue a pies juntillas las directrices básicas de muchos de esos libros que se venden como churros: Unos protagonistas “muy profesionales” en lo suyo construidos a base de psicología de manual, un misterio a resolver que mantiene al lector enganchado, un estilo de escritura que hace pensar que aquello es más un guión cinematográfico que una novela…

Sin embargo, la obra de Larsson cuenta con algunos puntos de interés que la apartan de la tontería generalizada presente en los expositores de “lo más vendido” de librerías y grandes superficies. A saber:

  1. La trama se desarrolla en torno a la resolución de un crimen histórico: recuerdos borrosos, viejas fotografías de personas ya muertas, casas deshabitadas, el presunto criminal dando señales de vida… un conjunto de elementos que provocan, por momentos, la transformación del relato en un tétrico cuento de fantasmas.
  2. Aunque la Biblia tiene su papel en la historia, olvídense de conspiraciones religiosas, de Illuminatis, Templarios y todas esas mandangas. Larsson aborda un tema mucho más fascinante: la podredumbre interior de la supuestamente ejemplar sociedad sueca. El autor destroza la pantalla de tolerancia y  bienestar social de su país para mostrarnos una realidad subterránea de corruptelas político-económicas  y violencia contra las mujeres, tan extendida como oculta tras una densa capa de silencio e hipocresía.
  3. La novela presenta un carácter Eurotrash difícil de encontrar en este tipo de productos. Tanto es así, que a ratos parece tocada por el genio de Miguel Ángel Martín y otros future-shockers: violencia sexual, unos protagonistas extremadamente promiscuos y desinhibidos, sadomasoquismo, nazis, hackers… toda una gozada neo-pulp.
  4. Lisbeth Salander mola.

En resumen, una lectura de verano altamente recomendable (ya estoy terminando la segunda parte de la trilogía). El hecho de que una novela de estas características tome el relevo a las tonterías de Dan Brown y clones, hace pensar que todavía no está todo perdido para la cultura mainstream.

Art Now

Lunes, 23 de febrero de 2009

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“Algo más sobre un sector de la cultura particularmente representativo de la sociedad de la decepción: el arte actual. Él es el responsable de la decepción que siente una cantidad creciente de espectadores, que piensan que “eso no es arte”, que no vale para nada, que no tiene interés, “sea lo que sea”. Durante siglos y milenios, las obras de arte han sido motivo de admiración y delectación: en la actualidad estamos ya hartos de tantas deconstrucciones, de las instalaciones minimalistas o conceptuales, del videoarte en el que no pasa nada. Anne Cauquelin añade que el deseo de defraudar las expectativas de la opinión dominante es ya una acción voluntaria y deliberada (Petit traité d’art contemporain, 1996). Se advierte la novedad radical de la época: en las sociedades tradicionales, el sistema cultural estaba profundamente integrado o interiorizado (ni rechazo ni desánimo), aunque la vida material era muy difícil; lo que se ve hoy es lo contrario: las satisfacciones materiales son incontables, mientras que las decepciones culturales proliferan.”

Gilles Lipovetsky en “La sociedad de la decepción

Docencia

Viernes, 6 de febrero de 2009

aula

“¿Incultos los jóvenes?¿Inculta la sociedad de nuestro tiempo? Una institución docente que sólo estima verdaderamente a quien lee, y desprecia a quien ve la tele o se entretiene con los videojuegos no puede pervivir en esta época. Igualmente, esa enseñanza pública que pone los ojos en blanco ante los libros (sin contar que el 40 por ciento de los maestros españoles no visitan jamás la biblioteca) y no sabe explicar la publicidad, que repite nombres de personalidades de hace una eternidad y no acierta a referirse a los que lideran nuestras vidas, una institución, en fin, que se vanagloria de textos donde aparecen los nombres egregios de centurias atrás y es ciega a la mitología de nuestra época, no sirve. Sencillamente debería cerrar. Habría cerrado ya si fuera una empresa y, de hecho, su único poder deriva, como en los tiempos del mandarinato, del monopolio en la dispensación de títulos casi gratuitos.”

Vicente Verdú en “Yo y Tú, Objetos de Lujo