Otra vez tenemos en esta sección a William Burroughs retratado por Charles Burns, pero en esta ocasión con Gary Panter añadiendo una “nueva dimensión” a la ilustración original:
Creo que mi fascinación por la música de filosofía electrónica ejecutada con instrumentos clásicos ha quedado bastante clara en el penúltimo Top30, dedicado a Battles . Casualmente, unos días después de escribirlo descubro una banda que lleva esa práctica al paroxismo: Los austriacos Elektro Guzzi se sirven de guitarra, bajo y batería para tocar un estilo tan mecánico y enraizado a lo sintético como es el techno.
La verdad es que el experimento funciona bastante bien. Siendo sincero, creo que “Parquet” es un buen disco más por el trabajo de composición que por como ha sido grabado. De todas formas, las reconocibles y no totalmente sincrónicas pulsaciones de cuerda y toques de tambor le dan un puntillo especial, como si el hecho de saber que hay unos brazos y dedos humanos detrás de cada beat aportase un esquizofrénico “nosequé” a la escucha, entre lo cálido y lo alienante.
En el ámbito de lo creativo, al concepto de “repetición” lleva las connotaciones negativas de serie. “Repetido = sin novedades” es lo primero que nos viene a la cabeza. Este prejuicio hacia lo repetido puede tener su justificación, pero existen excepciones. Pulula por ahí una rara especie de autores que, a base de repetirse, se han construido pequeños nichos creativos en los que se manejan con maestría absoluta. Se repiten, si. Pero se repiten en la genialidad, y por ello nunca aburren. A continuación dejo dos ejemplos de este fenómeno, dos “repetidores” natos cuyos últimos productos he degustado recientemente.
El primero: Hong Sang-soo. Cineasta coreano de la cotidianeidad, o mejor dicho, de su cotidianeidad. Sus películas siempre se desarrollan en los márgenes contextuales de la docencia universitaria y/o el mundillo del cine independiente. El director recrea en celuloide el mundo que mejor conoce con una honestidad brutal, lleno de gente que se cree más inteligente y menos egoísta de lo que realmente es. Los personajes de Sang-soo suelen entablar largas conversaciones mientras comen (y beben) en acogedores restaurantes o pasean por cotidianos parajes invernales enfundados en sus plumíferos.
Sang-soo metaexplicado en “Oki’s Movie” + momento embarazoso
La normalidad del ambiente contrasta con el contenido de las no tan anecdóticas conversaciones, en las que se mezclan las medias verdades, el autoengaño, la manipulación emocional, y de vez en cuando también arrebatos de hiriente sinceridad. En el universo a golpe de zoom de Sang-soo lo sutil suele desembocar en lo cómico, lo ridículo y lo catárquico, como en la vida misma. Su penúltima película, “Oki’s Movie” no se sale del patrón, y aún así resulta tan fresca como las anteriores.
Cambiemos de personaje y medio: Axel Willner, alias The Field ha convertido el loop en el fundamento de toda su producción musical. El título de su último LP “Looping State of Mind” es una redundante declaración de intenciones para los que ya conocíamos su idiosincrasia. Cada tema de The Field se basa en la repetición de patrones sonoros que se entrecruzan y microevolucionan en hipnóticas formas. Cuando hincas el diente a nuevo material suyo, sabes de sobra con lo que te vas a encontrar, pero ello no impedirá que escapes de su mesmerizante influjo.
Dos “postermanías” tan seguidos pueden dar la impresión de que estoy recurriendo al posteo fácil, pero la verdad es que no me puedo resistir a colgar el maravilloso cartel que los de Spike Press diseñaron para la exposición del Moogfest de este año.
Banda sonora del post: Emerson, Lake & Palmer – “Karn Evil 9: 1st Impression”
Allá por el 2006, aún sacaba de vez en cuando el envoltorio al CD incluido en la Rockdelux. En el número de abril de ese año tocó nada menos que un recopilatorio de Warp Records, con el que se pretendía dar a conocer la política “aperturista” practicada por el sello en los últimos tiempos, en los que la música basada en guitarras dejó de estar vetada en su catálogo. En ese compacto compartían espacio magos de lo sintético como Clark, Plaid o Boards of Canada con gente más apegada a los instrumentos clásicos como Maximo Park, !!! o mi gran descubrimiento de esa tracklist: Battles.
Battles – "Tras"
No era yo desconocedor de la etiqueta “math rock”, pero nunca vi tan claro el significado del término como en la música que hacían Battles. El material de la banda editado hasta el momento, “EP C” Y “B EP” (reeditados conjuntamente tras la firma con Warp), conformaban una inquieta e imaginativa búsqueda de patrones rítmicos a través de guitarra, bajo, batería y teclados, adecuadamente procesados mediante un buen surtido de maquinaria analógica y digital. Battles se erigía así como la banda-puente entre el pasado y el futuro de Warp.
Resulta curioso que una panda de virtuosos en sus respectivos instrumentos, algunos de ellos con un pasado en un mundo tan antielectrónico como el del metal, se juntaran para producir música con una filosofía tan “de síntesis”, donde el ritmo y las cadencias repetitivas postprocesadas lo eran todo. Su falta de complejos ante la tecnología subió un nuevo peldaño en su siguiente trabajo “Mirrored”, donde las complejas estructuras sonoras instrumentales se mezclaban con voces pitufadas.
Los Battles, con esos dos EPs de debut, se convirtieron para mi en el ejemplo perfecto de los caminos que debería tomar la música pop del futuro: la integración con “lo electrónico” en formas novedosas e imaginativas.
Se ve que “Rosemary’s Baby” es una película con inclinaciones naturales al spoiler. Si por aquí la jodieron con la “adaptación” del título (“La Semilla del Diablo”), en Polonia tiraron de póster:
Y hablando de jodiendas, qué mejor banda sonora para el post que esta versión del tema principal de la peli, elaborada por Fantômas: